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Crónicas y series fotográficas de José Alexander Bustamante

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12.28.2010

El síndrome de La Mulata


Era mi última noche en La Habana. El nueve de septiembre de ese año, el aire cálido del barrio de Vedado se transpiraba por las altas ventanas. Una mulata estuvo sentada largo rato en el living, visitaba  a los dueños de la casa, luego entendí que no era una visita corriente, era una despedida.
Por esas cosas que sólo se ven en Cuba, ella, la mulata, se había “enamorado” de un argentino, se casaron y como consecuencia, se la llevaría a vivir a Buenos Aires para “siempre”, un matrimonio que se sustentaba en la solidaridad y la libertad y no precisamente en el amor.
            Al final de la visita, se abrazaron, se hicieron promesas de correos, lloraron a llanto contenido. Se despidieron.  Después la dueña de la casa me daba los detalles de ese tipo de exilio que con el paso del tiempo he visto de diferentes maneras. Esa noche  me costó entender por qué alguien tenía que irse de su país para intentar alcanzar su idea de la felicidad.
La mulata ahora esposa del argentino, era igual de cubana que el resto de los habitantes nacidos en aquella gran Antilla, era tan cubana como la negra que se la despedía, su amiga, que aceptaba las condiciones de esa felicidad comunista.
Podemos entender que las posturas ideológicas lleguen a lugares antagónicos, pero de ahí al auto exilio, es un sadismo político y egoísta, lejos de la horizontalidad del pensamiento, lejos de reconocer al otro, de aceptar la diferencia.
Al día siguiente volé a Maiquetía, por la tarde salí del Aeropuerto “José Martí”. El taxi, que no era un taxi sino un carro del gobierno cubano, me cobró 10 dólares (y no los 20 de los taxis oficiales). Era amigo de un amigo cubano que hice durante mi viaje; una forma de tener una entrada extra. Yo no tuve miedo de aceptar la oferta, los primeros días ofrecí un poco de resistencia, después noté que para todo había un mercado negro, en particular el de las jineteras.


El retraso del vuelo al salir de La Habana y una escala larga en Curazao hizo que llegáramos muy tarde a Maiquetía. Pasé la noche en el aeropuerto, al día siguiente, 11 de septiembre, quizá cuando el avión levantaba de la escala en Barquisimeto, en ese momento caían las torres gemelas, estaba en el aire mientras en el aire aviones caían y víctimas perdían sus vidas. Después de la llegada a El Vigía una llamada nos informaba del suceso en Nueva York, en aquel instante el atentado no me afectó tanto,  venía de un país en el que no me gustaría vivir, pensé: en un país así no me gustaría vivir, no sería feliz.
En aquel momento yo trabajaba en Mérida en un tecnológico dando clases de Diseño Gráfico y Publicidad. Eran los primeros años de Chávez, en Cuba recordaban el reciente cumpleaños de Fidel amenizado en tierras venezolanas, estaban las eliminatorias al Mundial Corea/Japón 2002 y  el rendimiento de Argentina era abrumador, con un equipo de lujo que dirigía Marcelo Bielsa, pero Brasil con Ronaldo saldría campeón. Yo tenía un programa de radio en una estación ya desaparecida, recuerdo que hice un contacto telefónico desde una cabina, tuve que hablar un poco bajo para decirle a la locutora en Mérida que Cuba era como Venezuela, pero al revés, que comunismo y capitalismo son la misma cosa. Eran también los primeros años de Sed de Gol en el diario Frontera de Mérida.
¿Por qué nos pasa por la mente la idea del exilio voluntario? ¿Dónde están los espacios de entendimiento? ¿Por qué no son utilizados? Algo sucede en el país, y el problema está parcialmente focalizado: falta de diálogo y falta de consenso entre los núcleos que forman la sociedad. La incompatibilidad se produce si los núcleos sociales se olvidan del individuo. En ese instante se pierde la naturaleza de la sociedad, porque la sociedad es el individuo y a éste se le olvida que es el hombre quien produce las teorías y postula las formas de organización, que es necesario abstraerse para formular soluciones, pero que la combinación idónea nacerá de los valores individuales que intentan ser grupales planteados como modelos sociales de organización y no a la inversa.
La mulata era víctima de un sistema que no la contemplaba como individuo dentro de los núcleos de convivencia social, algo sucedía que eran incompatibles, la mulata no se sentía feliz en Cuba, prefería cualquier lugar antes de gastar su vida en la isla, el azar le ofertó Buenos Aires y ella no dudó en aceptar.  Estamos contagiados del síndrome de La Mulata. Veremos qué pasa.


Hilda Lizarazu - Sola en los Bares [HD]

12.25.2010

Mucho ruido...




Una mirada a las tablas de clasificación de las principales ligas europeas, arrojan datos importantes para una valoración de la competitividad actual de estos torneos, que tal y como se muestran ahora, se han convertido en mercado de capital desde el deporte donde se muestra una diferencia histórica, ahora abismal, entre un grupo de equipos y el resto, estableciéndose una relación de minoría y mayorías que ha comenzado a reflejarse en la tabla de posiciones que alejan de toda índole al fútbol de la competitividad.
Para no pecar de subjetivos, tomaremos para el análisis las posiciones entre los primeros lugares de los torneos de España, Inglaterra, Italia y Alemania, considerados los más importes- en el orden descrito- por la llamada especializada en ese deporte, en nuestro caso http://www.espndeportes.com/.  
En estos campeonatos la parte alta y la baja de la tabla son las zonas más disputadas. La media tabla es lo que llaman la permanencia, eso ya todos lo sabemos. En la parte alta el dinero circula, el juego de apuestas hace mover masas de millones aprovechándose de la condición de los fanáticos.

En España desde hace un tiempo, Barcelona y Real Madrid, se pasan de una mano a otra el torneo, Valencia y Atlético de Madrid y algunos más tienen alguna oportunidad de arrebatarles la gloria de equipos grandes. Este año Villarreal y Valencia intentan alcanzarlos y a media temporada ya les han sacado diez puntos de ventaja y es una tendencia en aumento.
En Inglaterra, también a mitad de campeonato, los dos equipos de Manchester ocupan la cima, el Arsenal y el Chelsea están apretando y en un tercer lote, a menos de diez puntos, Tottenham, Sunderland y Bolton Wanderers, y muy lejos ya, sin posibilidades el Newcastle. Solo Liverpool, manifestando en lo deportivo su mal estado financiero que atraviesa no está en competencia, todo lo contrario, ya mira con precaución la zona del descenso.
En Italia, los equipos que alegran el calcio llegan a doce a mitad de este campeonato 2010-11. Milan, Napoli y Lazio en un panorama poco habitual, están muy juntos, con el riesgo de quedarse sin gas. Luego, la Juventus y más abajo, a menos de diez puntos, Roma y Palermo y en otro lote, el Inter de Milán, en un bajón típico de equipo italiano que después de una temporada exitosa, le cuesta mantener el ritmo ganador.
En Alemania, campeonato sano en lo económico, el Borussia Dortmund es líder solitario, con diez puntos de ventaja sobre un tal Mainz 05, luego y pegado, el Bayer Leverkusen y un poco más abajo el Hannover 96 y Bayer Múnich después de varios años con títulos aparece casi sin opciones. Algo atípico[1].
La diferencia de diez o más puntos es la constante en las ligas referidas, invirtiéndose el orden a la importancia mediática, siendo la más competitiva a estas alturas del calendario futbolístico la liga Italiana, como la que más equipos concentra en los primeros puestos, seguida de Inglaterra, luego España y en solitario Alemania.
Tendremos que esperar a finales de Junio para constatar si esta tendencia de diez puntos se mantiene y si el orden de cambia, lo que nos permitirá evaluarlas de nuevo.
En este momento, la liga española confirma su larga brecha entre los dos equipos grandes y el resto, el año pasado superó los veinte puntos,  lo que la convierte en un torneo más de figuras de fútbol que de campeonato deportivo. La italiana aún vive de épocas de gloria. Inglaterra se escuda en su impecable organización  y la alemana  ofrece cuentas claras y un torneo de pocos candidatos. Todas con deudas de la promesa que ofrecen; un futbol competitivo que va desapareciendo y que de no hacerse los correctivos a tiempo.
Estamos frente a un monótono espectáculo que corre el riesgo de ser una pasión aburrida. Veremos qué pasa.



[1]En Francia al menos unos ocho equipos compiten por el título, que es una liga que intenta alcanzar al grupo de los poderosos. El resto de los torneos europeos son de segunda categoría en lo futbolístico y lo competitivo, por más que nos quieran hacer ver que Rusia, Holanda y Portugal forman parte de esta danza del deporte.


10.30.2010

Caracas, Calcuta (y no París, Texas)



El ruido crece a mil motores por oído,
A mil autos por pie, todos mortales.
Los hombres corren detrás de sus voces
Pero las voces van a la deriva
Detrás de los taxis.
Más lejana que Tebas, Troya, Nínive
Y los fragmentos de sus sueños,
Caracas, ¿dónde estuvo?...
Eugenio Montejo

Después de la lluvia repentina del mediodía, fuimos caminando hasta el estadio Olímpico de la Universidad Central de Venezuela, UCV, allí el DT Noel “Chita” San Vicente estaba dando una “clínica” de fútbol para jóvenes no profesionales, tanto hombres como mujeres.
            Junto con Daniel Albornoz, profesor de la escuela de Letras de la Universidad de Los Andes ULA, comentábamos la injustica deportiva que sufrió esa ciudad al dejarle un solo juego de la Copa América celebrada en Venezuela, precisamente el encuentro menos importante de todo torneo: el tercer puesto.
            Sin muchos trámites llegamos hasta el césped donde un puñado de gente rodeaba al ex jugador y ahora técnico del Real Sport, uno de esos equipos fantasmas de nuestra liga,  escuchaban con detenimiento algunas instrucciones y de lo que consistiría la jordana de aquella tarde sin sol y fresca.
            El Olímpico, como todo estadio, es mucho más pequeño en la realidad que en la virtualidad de la televisión, sin embargo, las montañas al fondo y los edificios que se ven, dan la sensación de estar en medio una ciudad importante y bonita, todos los elementos de una postal, que postal al fin, reproduce una imagen que sólo existe dentro del marco gráfico.

           
             Nos sentamos en el banco de suplentes y desde ese lugar miramos la práctica, se escuchaban los gritos de San Vicente y sus manos levantadas, a modo de regaño, a modo de indicaciones, que los jóvenes obedecían con disciplina.
             La práctica, aburrida para quienes no forman parte de ella, nos motivó a abandonar el estadio y volver al Seminario de Políticas Editoriales que organizaba la Escuela de Letras de la UCV. Muy cerca de allí, en las afueras del estadio de beisbol, muchos toldos se preparaban para vender entradas, cerveza y suvenires, en una pasión equivalente al fútbol en otros lados.
            La larga caminata nos llevaba a otras reflexiones, a manera de chiste, decía que cuando en Caracas llovía se parecía a Calcula, nada funcionaba bien, y desde ahí comenzamos a deshilachar la pobre calidad de vida de la capital venezolana, “se le salen las costuras” apuntó Albornoz.
            Le dije que era la máxima expresión del tercer mundo, que es difícil que alguien tome como opción de visita a una ciudad que con sólo con caminarla, la sensación de inseguridad que se siente, provoca salir corriendo, a la lista le agregamos el mal estado de las calles, la multitud de gente en el metro, las largas hileras de carros, el irrespeto mutuo entre automóviles y peatones, el ruido de las bocinas, los vendedores ambulantes, la ausencia de policías en las calles, la basura acumulada; una vergüenza urbanística y cultural, y para colmo el centro del deterioro del país, que como es de pensar, se irradia como modelo a seguir. Una ciudad que convirtió el centro comercial en su lugar preferido de esparcimiento, es digna de una reflexión sociológica.
            Caracas tiene aires a Calcuta[1], no por la cercanía fonética -como Paris, Texas[2]-, sino por la conexión social: la pobreza en todas sus representaciones, el coas y el desorden urbano, los valores ciudadanos, es La ciudad de la alegría (1985) de Dominique Lapierre[3], titulo cargado de un juego paródico e irónico, aunque tenga una lectura romántica y hollywoodense.
Parafraseando a Gonzalo Fragui en su poema Carta de Antonio Mora del poemario  Palabra Prometida (1997): por allá, salvo el amor, la salud, la calles, el Ávila y el dinero, en Caracas/Calcuta, todo bien. Que nadie se sienta ofendido.Veremos qué pasa.

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[1] En Calcuta viven más unos veinte millones de habitantes, Caracas, apenas llega a siete.
[2] Desde la noción de la memoria provocada por la amnesia el film Paris, Texas (Wenders, 1984) es un largo camino por el reencuentro de los seres separados por los infortunios de la vida.
[3] Adaptada por Joffé  en 1992, el mismo  de Los gritos del silencio(1984) y  La misión (1986).

10.20.2010

El triste que lo contamina todo





Gentiliza de Diomedes Cordero, al compartir el artículo publicado el 17 de este mes por el reconocido escritor español Javier Marias, en su habitual espacio Zona Fantasma del diario El país de Madrid:
“El librero Antonio Méndez me lo venía reclamando desde hacía ya semanas, lo mismo que su joven hijo Borja. Les contesté: “Hombre, aún es pronto, acaba de iniciarse la temporada”. Mis compañeros de la Academia José Manuel Sánchez Ron y Luis Mateo Díez, caballeros ponderados, se dividieron: el segundo me recomendó paciencia; el primero, tras dudar, se decidió a animarme: “Sí, quizá ya es hora”. La verdad es que abrigaba la esperanza de llegar por lo menos hasta la mitad de la Liga sin tener que escribir este artículo. Incluso deseaba –contra todo pronóstico– no escribirlo en absoluto, pese a que anuncié aquí mismo hace unos meses, cuando todavía no se había materializado la amenaza, que, si se consumaba, me costaría seguir siendo del Real Madrid este curso, tras mi fidelidad desde los siete años. La razón de mis dudas tenía nombre: José Mourinho, el prototipo de entrenador que no soporto y el más antimadridista de todos los imaginables. En las últimas campañas he ido contra sus equipos, y para ello he debido violentarme un poco en un caso, nada en el otro. El Chelsea era, de toda la vida, mi club inglés favorito, por mis afinidades con el barrio de Londres al que representa. Al comprarlo el magnate ruso Abrámovich y convertirlo en una empresa que destacaba sólo a golpe de talonario, mis simpatías empezaron a decaer, pero se las mantenía. Cuando adquirió como “cerebro” a Mourinho, y en consecuencia desplegó un juego feo, rácano y soporífero, se me agotó la reserva. Al Inter de Milán, en cambio, le profesaba antipatía desde que, en 1964, fue el causante indirecto de la salida del Real Madrid de Di Stéfano. Hoy en día, además, no me gusta que no alinee a un solo jugador italiano en sus filas. Siempre he creído que los equipos deben ser un poco de sus ciudades, o por lo menos de sus países.
Pero claro, la violencia a que hube de someterme para no ir con el Chelsea no es nada comparada con la que tendría que hacerme para ir contra el Madrid: un imposible y un absurdo. Y sin embargo ha bastado un mes de competición (seis partidos de Liga y dos de Copa de Europa) para saturarme, y creo reflejar el sentimiento de muchísimos merengues. Salvo contra el depauperado Dépor, el juego ha sido espantoso. Insustancial, vulgar, torpón, aburrido, sin apenas marcarse goles y con el único mérito (propio de las escuadras medrosas y conservadoras) de no recibirlos. El defensa Carvalho, mano derecha de Mourinho, ha dicho bien clara la tontería: “Es más importante no sufrir ningún gol que meter cuatro”. Ni siquiera saben de números: un equipo que empatara a cero sus treinta y ocho partidos de Liga quedaría imbatido, sí, pero descendería a Segunda, con tan sólo treinta y ocho puntos. Mourinho vino con la fama de que motivaba mucho a los jugadores, los liberaba de presión y daba la cara por ellos. De que les era enormemente leal, cargaba con las responsabilidades y jamás los culpaba. Hasta la fecha ha sido todo lo contrario: tras varios encuentros, manifestó que a Xabi Alonso “no lo he visto jugar todavía”; criticó por omisión a Ramos; confió en la “inteligencia” de Benzema, una manera de insinuar que aún no se la había notado; menospreció a Pedro León y de paso al Getafe. Dudó de la honradez del Sporting de Gijón y rebajó los merecimientos del Barça. Cuando las cosas van mal, se comporta como si no fueran con él. Su actitud es de permanente desprecio hacia cuanto ve u oye. Como se sabe espiado por las cámaras, actúa como un mal actor incesantemente: cuando estampa una botella contra el banquillo, se ve que el gesto no le ha salido de dentro, sino que es una pantomima estudiada, quién sabe si ensayada en casa ante el espejo.


Pero, sobre todo, es triste, casi cenizo. Estamos acostumbrados a que los tremendos horteras de nuestras televisiones califiquen de “glamuroso” a cualquier individuo o individua pedestres y más bien dignos de lástima. Aparte de espúreo y erróneo, es un adjetivo devaluado. Que se pueda considerar “glamuroso” a Mourinho rebasa los límites de mi comprensión. Un hombre con un sempiterno gesto agrio y un injustificado desdén en la mirada; de una personalidad tan gris como sus feos trajes (en España se cree, extrañamente, que mostrarse avinagrado equivale a poseer una “personalidad fuerte”); que ansía la notoriedad y se complace en ella como si fuera un acomplejado o el jurado malasombra de todo concurso televisivo. Todo eso hace de él una figura deprimente y triste y poco inteligente, y lo peor es que esos atributos se los contagia a los jugadores. El Madrid ha sido siempre un equipo alegre: atacante, generoso y al que nunca le ha bastado ganar (a Beenhakker, Capello y Schuster no les bastó para conservar el puesto), sino que ha procurado brindar un fútbol deslumbrante y divertido. Sus representantes han solido ser personas más bien afables y educadas (Molowny, Valdano, Del Bosque), y los patanes nunca fueron en él bien recibidos. Es inexplicable que Florentino Pérez haya creído que un engreído sombrío como Mourinho, ninguno de cuyos equipos ha causado admiración, podía ser el rostro de su club, que es el mío. Da pena ver a Valdano hablar tras cada tedioso partido, con cara de circunstancias y verbo dubitativo, como si tuviera plena conciencia del gravísimo error cometido. Antes de su contratación, un 80% de madridistas expresaron su oposición a Mourinho. De seis partidos, el equipo lleva ya dos sin marcar, y ante rivales muy menores. Y en Chamartín casi no ha habido tarde en la que no se oyeran abucheos. La tristeza de Mourinho lo contamina todo, hasta las gradas”. 
Veremos qué pasa.


10.08.2010

Bajo el sol de Yucatán

Salvo el aire, todo en Cancún tiene su precio. Motivado por la curiosidad, en un mapa para turistas, solo en la zona hotelera conté más de 50 hoteles cinco estrellas, a lo que habría que agregar la cantidad de lugares de mayor confort en la zona de la Riviera Maya, a eso habría que añadirle la red hotelera para turismo de “bajo presupuesto” en playa del Carmen y en la propia ciudad de Cancún, donde la habitación más económica está a partir de 29 dólares.
            La noche del arribo, en la manga que une el avión con el aeropuerto, unos policías muy amables pidieron a todos los pasajeros que hiciéramos una fila y del otro costado, el equipaje de mano. Segundos después, un perro comenzó a olfatearlos buscando algún rastro de droga. Esa fue la bienvenida.
Minutos después, otra requisa al resto del equipaje antes de salir de la zona de aduana y finalmente la salida del aeropuerto y el encuentro con mi hermano Frank, su esposa y tres hijos, quienes ya llevan varios años en Canadá y que por motivos de este raro exilio político, con tinte fascista, miles de venezolanos han tenido que hacer vida y echar raíces en otras regiones del mundo[1].

           
          Todo es impecable en Cancún y cuando digo Cancún me refiero a la red turística de los estados de Quintana Roo y Yucatán. Avenidas sin huecos, caminaderías limpias, áreas verdes tipo postal, todos los servicios habidos y por haber para el disfrute de las vacaciones, todo tiene su precio en dólares. Digamos que mi presencia era más por el azar y por una invitación familiar, que por mi modesto presupuesto de viajero.
            Las playas de arenas blancas y de aguas color esmeralda, limpias, seguras, transmiten esa sensación de seguridad que nosotros los venezolanos perdimos hace años. Digamos que es un país normal,  lo que desearíamos tener.
Yucatán es una región absolutamente plana y muy caliente. Parques temáticos, paseos en barcos. Todo está hecho para el turismo, porque el turismo debe ser una política de estado, por eso se ve gente de todo el mundo, las playas de babel existen bajo el sol caliente de Yucatán.
            Junto a todo esto, el mundo prehispánico ha quedado dentro de este marco como sitios de máximo interés. Miles de personas en Chichen Itzá, cientos de visitantes en Tulum, y así sucesivamente en cada una de las ciudades mayas que han quedado como vestigios de una cultura de alcances enormes dentro de los parámetros de la producción del conocimiento del hombre.
            La masa de visitantes se cuenta por miles. Casi doscientos kilómetros a Chichen Itzá, en una autopista sin huecos ni policías acostados, es una vía que llaman “por cuota” lo que equivale a “peaje” en nuestro argot. También está la “libre” que pasa por otras poblaciones y seguramente estará en un estrado menos óptimo. La cuota corta está en 51 pesos mexicanos, y la larga en 220 (12 pesos por un dólar). Tulum a unos ochenta kilómetros, con otra vía en óptimas condiciones y libre.


        Cada lugar arqueológico tiene un costo de unos 50 pesos, en todos hay guías, seguridad, ventas de artesanías, que en el caso de Chichen Itzá están dentro de las ruinas mayas y hace que sea un factor, a mi manera de ver las cosas, de ruido visual y que distrae la atención, al borde de la saturación. Son cientos de vendedores, casi es una situación anárquica.
Más allá de eso, el recorrido a partir del templo de Cuculcán, que viene a ser la pirámide central, es una sensación de contacto cultural estremecedora, sin dejar de mencionar el observatorio y la cancha del juego de pelota, núcleo central del Popol-Vuh.
     Cuando nos acercamos a los glifos y las inscripciones en las piedras, podemos apreciar el registro de la historia maya en cada una de las figuras. Por algo es una de las maravillas del mundo. Veremos qué pasa.

                                                                                         (para Aura)


[1] Exilio no usual en nosotros, casos que eran comunes en dictaduras de Chile, Argentina o en lugares de desplazamiento como Colombia. Así son los militares, en el fondo, su espíritu es fascista.


9.30.2010

Los diablos Rojos de Panamá



Desde el aire, un grupo de edificios inmensos se ven aglutinados frente a la bahía, a su alrededor, el resto de la Ciudad de Panamá se expande a la selva, a las montañas, al mar o al canal de Panana.
            Es media mañana, a pesar del sueño y las colas de gente que desde la madrugada estaban en el aeropuerto de Maiquetía y su ineficaz organización, sin entrar en detalle del mercado negro de dólares en pleno pasillo, la idea de estar fuera del país es reconfortante, no por la vanidad del viajero, sino por la posibilidad de comparar la dinámica de otras naciones, que a la larga nos remitirá a valorar nuestro país.
            Partamos que todo viaje de vacaciones está enmarcado dentro de la imagen de la postal turística, desde ese marco es el que vemos y en muchos casos puede dar un diagnóstico falso. Ante esta dificultad y en aras de no convertir las vacaciones en un viaje antropológico formal, decidí algunas formas de aproximación: comparar dentro de la misma escala de valores; es decir; el centro con el centro de nuestras ciudades, las avenidas principales con nuestras avenidas principales, y así sucesivamente. La segunda, no hablar de política. La tercera, establecer una mirada histórico colonial, prehispánica y literaria del lugar desconocido.
            Ocho horas para conocer la ciudad de Panamá en una escala enorme sería suficiente, luego, partir en la noche a Cancún, ponerme debajo el sol durante una semana, intentar llegar a lugares prehispánicos y coloniales de la península de Yucatán, luego de una despedida familiar seguir con mis padres a Ciudad de México, en una viaje por tierra que nos llevaría por el golfo de México, para luego ascender a una de las ciudades más pobladas del mundo con más de 25 millones de habitantes y con una historia telúrica deslumbrante.
            La primera sensación de Panamá, no es que esté dolarizada o que los artículos del mundo global cuesten mucho menos, lo que primero que se valora son sus avenidas y edificios, como si una ola de inversión y progreso desde el punto de vista del capital hubiesen llegado por todos los flancos,  es evidente la sensación de que las cosas han mejorado en poco tiempo.
            Desde el cerro Ancón la vista es inmejorable, es el primer lugar a donde nos lleva Ángel, un moreno gordo, de semblante tranquilo, hablaba como Rubén Blades, y con su melodía hacia las veces de anfitrión nacional. Lo contratamos para un citytour por la ciudad, era la mejor opción para sacarle provecho a las pocas horas de estadía en ese país.
            Desde la montaña se veía el canal de Panamá, el centro histórico, el puente de las Américas, el manojo de edificios gigantes, era una mañana con poco sol y muy húmeda.

            Al  bajar, nos fuimos hasta el final de la bahía de las islas que se unen con el paseo de Amador, en una cominería limpia, segura, luego un paseo por chorrillo y la calle natal de Rubén Blades, ingresamos al centro colonial que está siendo restaurado, de calles angostas, con adoquines y casas de pocos pisos.
Ya era medio día y el sol impregnó toda la ciudad. El recorrido fue corto pero impactante, las casas blancas, la nueva casa de Blades, la plaza Francia y su pequeño malecón que luego se interna por unos pasillos donde las ventas de artesanía indígena decoran con sus colores. Almuerzo en una zona de oficinas, lejos de los altos precios para turistas y luego el objeto central de esa visita: conocer el Canal.
            Gente de todo el mundo, una voz anónima por alto parlante va relatando la historia de más de un siglo y describe los barcos que van descendiendo por las esclusas. Sin duda, la experiencia estremecedora de una obra de arquitectura gravitacional. Era el comercio del mundo trasladado de un océano a otro.
La tarde ahora es lluviosa, no dejó que nadie se moviera, pero también ya era hora de volver al aeropuerto de Tucumán, a estas alturas Ángel, ya bostezaba y la frescura de la mañana se iba con el día, durante el retorno, varios autobuses viejos que ellos llaman Los Diablos Rojos, con ornamenta kirsch, se atravesaban  por la calles mientras subían o bajaban pasajeros. Veremos qué pasa.


9.29.2010

El toque de Cappa: Estaremos mejor, pero no estamos mal.

El toque de Cappa: Estaremos mejor, pero no estamos mal.: "Acabamos de perder un partido, en Rosario, que de ninguna manera merecimos perder de acuerdo con el desarrollo y con las ocasiones de gol. F..."

8.05.2010

El contexto deportivo


El fútbol (y casi todo el deporte) buscó territorios fuera del terreno de juego y abrió su contexto a las relaciones sociales en lo que conocemos como “mercado”. Al convertirse en producto más que en acción lúdica, el placer deportivo es un gran negocio en todo el mundo, se prohíbe perder, como dijo hace poco Eduardo Galeano en una entrevista a un periodista mexicano.
La lista de los proveedores del fútbol comienza desde los empleados del mismo estadio y termina en cada espectador que cambió la cancha por el televisor y puede ver un juego en vivo en cualquier parte del mundo, y en HD.
En medio de esa cadena comercial están las marcas deportivas, la prensa del corazón, los medios de comunicación, los gobiernos de muchos países. Pensar que el contexto deportivo es sólo lo que sucede dentro de la cancha y poco más de sus alrededores es una ingenuidad periodística.
La Copa Mundial, la Copa América o la Eurocopa son organizadas bajo el amparo de sus gobiernos nacionales y por extensión se convierten en asuntos de estado. Hace pocas semanas el gobierno argentino compró los derechos televisivos del fútbol en una polémica de más de 500 millones de dólares, donde PDVsur es uno de sus patrocinadores principales, como lo es PDVSA en el uniforme del EMELEC de Guayaquil (¿y los gastos suntuarios?.

           
           Cuántas veces hemos dejado de ver un evento deportivo por la interrupción o anuncio de una cadena de televisión. Cada vez que se va la luz, por ejemplo, la red social que ha construido el deporte se ve alterada.
El histórico triunfo de Venezuela ante Nigeria mucha gente lo vivió desde mensajes de textos por celulares ya que media ciudad no tenía electricidad. Entonces vemos que el servicio eléctrico, aunque no sea evidente, también forma parte del contexto deportivo, porque dicho contexto se inserta en la sociedad, la red social del deporte es tan grande que es una de las cosas en que más se parece a la Literatura.

Es decir, formas de expresión cultural que penetran a todas las capas sociales, como la publicidad o los medios de comunicación, salvo que estos últimos contienen diversos valores morales que en la mayoría de los casos se pueden someter al cuestionamiento.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua dice que el contexto (del latín contextus), es el “entorno lingüístico del cual depende el sentido y el valor de una palabra, frase o fragmento considerados, el entorno físico o de situación, ya sea político, histórico, cultural o de cualquier otra índole, en el cual se considera un hecho” entre otras acepciones menores.
Todo sistema se inserta en otro sistema y así hasta el infinito en una forma geométrica que podemos visualizarla como en la Biblioteca de Babel de Borges. Son hechos de toda índole.  No es poca cosa que Xavi y Pujol hayan festeado la copa del Mundo con la bandera de Cataluña y no la de España. Pensar que la política y el fútbol no tienen una vinculación, es un macro estado de conocimiento.


Todo contexto en un entorno, como las capas de una cebolla, separarlo del todo es un estudio pormenorizado de un aspecto: el jugador, el estadio, las redes de marketing, el servicio eléctrico, la seguridad de los organismos del Estado como la Policía o la Guardia Nacional. Vemos que todo se involucra.
Las páginas o los programas audiovisuales deportivos no cumplen una función de entretenimiento únicamente, también son portadoras del contexto deportivo, entendiéndose por este algo más que los lugares comunes que reproducen buena parte del llamado periodismo deportivo, que en pocas ocasiones investigan o reflexionan sobre el contexto en sí, tan sólo se limitan a la descripción básica de los hechos y no profundizan en la diversidad de variables del entorno deportivo y social. Veremos qué pasa.

Los hijos del carnaval


En Pasto, Colombia, presencié un extraño carnaval. Fue enero de 1997. En una escala de un viaje por tierra a Quito observé que la gente estaba pintada de negro, de buena y mala manera.
El taxista comentaba que eran los carnavales, era día de Negros, al día siguiente –relataba con orgullo- sería día blancos: habría un desfile de cierre del carnaval y todas las personas que salieran a la calle deberían aceptar que le arrojaran cualquier cosa blanca: desde talco, cal hasta pintura.
En casa de Ramiro Román, me contaba que era parte de una tradición que venía desde la colonia. Durante dos días la sociedad se igualaba en una fiesta, los roles cambiaban, como una válvula de escape a la disparidad social. Cada comienzo de año repite en Pasto la misma ceremonia.


En 2008, en otro taxi, ahora en Río de Janeiro, veía el “Sambódromo” de esa ciudad, un espacio para el carnaval, “el más famoso y más grande del mundo” recordé el primero. Una conexión mental desde la festividad de la máscara, del rostro oculto.
Con la asignación del Mundial de 2014 y las Olimpiadas en Río dos años después, podemos concluir que Brasil despegó, - bueno ya había despagado- . Ahora sacó una ventaja de progreso inalcanzable para el resto del Latinoamérica, sin embargo, es el país con los indiciadores raciales más altos de América Latina. Los carnavales de Brasil, como todo carnaval, es una muestra de la mentalidad colonial que rige a nuestros países. Podríamos decir que en la medida que el carnaval es más importante, en la misma medida estamos en presencia de una sociedad altamente racista. Cada carnaval es un espejismo de fiesta pública. Toda máscara oculta un rostro verdadero.
            Basta recordar que antes de la era Pelé, la selección de fútbol de ese país estaba integrada por gente blanca. En adelante, el fútbol mostró una cara menos racista y tuvo que ceder a la mayoría negra que practica este deporte. Era una dinámica indetenible.
Sería una ingenuidad pensar que en Brasil los negros tienen un espacio para la conformación de su sociedad, salvo el fútbol, los altos funcionarios de toda la red social son blancos y en algunos casos mestizos, desde el presidente y todos sus ministros, salvo Gilberto Gil, llamado el Ángel Negro, músico e intelectual quien fuera Ministro de Cultura con “Lula”.


Un ejercicio de memoria es necesario: en la autopista de Rio de Janeiro a Sao Pablo están las pequeñas ciudades cercanas al gran parque industrial de ese país, es curiosos observar que al lado de los estacionamientos de las fábricas hay una suerte de garaje techado (por no llamarlo galpón) donde cientos de bicicletas cuelgan como vacas en un matadero a la espera de sus dueños. Son el transporte de la mano de obra, en su mayoría negra. De igual forma los choferes y vigilantes, los dependientes de tiendas, son todos negros. El acceso a la universidad para los negros ahora es una pelea que se libra en las altas esferas de Brasilia.
 Así como en las Olimpiadas de Beijing se intentó hacer un llamado por los delitos humanos que ese país ha hecho y hace con el Tíbet (cosa que no nunca vi señalar en el en los medios de comunicación), con seguridad el racismo será un tema paralelo que intentará la denuncia desde la abundancia mediática en el Mundial y en las Olimpiadas de Río.
Será la población negra la que servirá  de motor para la construcción de toda la infraestructura para ambos eventos. El empleo bajará rotundamente, la pobreza y crecerá el bienestar social.
Sólo las Olimpiadas dejarán a la ciudad de las favelas más de 14 mil millones de dólares. Haciendo una odiosa comparación, con el ingreso petrolero de Venezuela en los últimos años se pudo, -en pasado- haber realizado unas 50 Olimpiadas y unos 30 mundiales de fútbol. Comparación que nos remite a la incógnita de la (in)capacidad de nuestra administración pública. En términos viscerales se podría definir como despilfarró y corrupción.
Con estos dos eventos y la infraestructura de los últimos quince años, Brasil despegó: adiós Brasil, que te vaya bien, te deseamos mucha suerte en el camino al desarrollo, en camino de la práctica aristotélica. Nosotros veremos por televisión, en nuestro propio carnaval, el de ocultarlo todo para que las apariencias nos engañen. Veremos qué pasa.

Las reinas del petróleo


A comienzos de los años ochenta del siglo pasado, Venezuela  comenzó a ser noticia porque sus mujeres ganaban certámenes de belleza (sin mencionar las telenovelas, donde las mises sustituirán el talento de las actrices). Por eso los paralelismos históricos contribuyen a enriquecer la conciencia crítica.
Aquella era una época de petróleo caro (recuerden la guerra entre Irán- Irak), casualmente vivíamos con gobiernos que compraban muchos armamentos e importaban mucha comida y artefactos de consumo masivo de todo tipo.
Venezuela fue el primer país de América Latina en comprar una gran flota de aviones F-16 para defenderse de una guerra imaginaria, una inversión millonaria. Hoy son aviones que están a punto de ser objetos de un museo o chatarra. Derroche confundido con inversión. Cada compra de armas es un desperdicio.


De las reinas de belleza salieron los nombres de los barcos petroleros: Pilin León, Irene Sáez, Bárbara Palacios y otras hermosas mujeres. Luego del paro petrolero, llegó el fin de ese reinado por los mares y los barcos fueron bautizados con nombres que intentan reivindicar la historia del país.
            Desde el canon posmoderno de la belleza; sobre las mujeres del Caribe se ha construido un modelo de la belleza desde el mestizaje, donde las venezolanas han sido privilegiadas y la cirugía estética ha dado aportes maravillosos.
Los certámenes de belleza se convirtieron en ese escenario. Pasaron de ser una actividad casi folclórica, un concepto ingenuo de la competencia, una actividad pintoresca digna de una fiesta agraria de una comunidad, un pueblo y se convirtió en algo que cuesta creer: el orgullo nacional.


Un concurso de belleza es lo más alejado a una experiencia erótica, aplicando la idea de Bataille. Y se aleja aún más de la idea de la moda. Todo lo contrario, el mundo refinado del vestido los ve como una actividad de mal gusto, las mises son “top model exprés”. Muchas ni siquiera saben caminar por una pasarela o un escenario. Es el “sueño sensacional”, es un show para un público que carece de conciencia crítica, es el triunfo de un país que no produce pocas ideas, descubrimientos científicos, baluartes deportivos, intelectuales o artísticos que merezcan un reconocimiento al esfuerzo.
Desde otro punto de vista, un certamen de belleza eclipsa la capacidad de triunfo y logros que puede ofrecer una sociedad al mundo.
La belleza de una mujer es caricaturizada con estos certámenes, como es patética la cultura con las fiestas de toros, o vemos como el deporte se aleja de su esencia con el boxeo, el hipismo o el automovilismo.
Un certamen de belleza para una sociedad sin conciencia crítica es como darle un valor universal a un campeonato mundial de Bolas Criollas. No hay  que confundir el divertimento con la capacidad creadora, ni la banalidad con el éxito, ni la belleza con lo fugas.
Desde un nivel sociológico el triunfo de un certamen de belleza en Venezuela genera en la sociedad una alegría digna de un premio Nobel, un Mundial de Fútbol o cualquier logro nacional, no desde el esfuerzo profesional sino desde la explotación de un atributo físico (remodelado por la cirugía), una suerte de petróleo visual, la riqueza de la naturaleza.
No deja de ser una curiosidad, digna de una nota de prensa, alguna entrevista por televisión, ver una mujer hermosa que se cree la más linda del universo, o se lo hacen creer, como si el universo fuera del tamaño de un escenario de televisión. Como si el concepto de la belleza fuese una franquicia de un magante norteamericano. Veremos qué pasa.