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Crónicas y series fotográficas de José Alexander Bustamante

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3.03.2012

Barcelona feeling (I)

                                                                           La japonesa

                                                                 todo Gaudí

 la identidad

 Gracia

medio día

las tiendas

 la literatura

el amor

las bici

el  calvo

 Víveres


el sol

café 

 el mar


 Güell

 Güell sub

el ta ra ra

feeling



12.19.2011

Girona 175



Por José Alexander Bustamante-Molina

La lluvia del invierno austral nos obligó a estar reunidos por más de veinte horas en el desaparecido Hostel Oveja Negra de Santiago de Chile. Era el agosto de 2008, de un viaje que ya hemos relatado.
            Aquel breve cautiverio no ayudó a comprender, primero, la estética de los espacios, porque todo lo conversado en la sala del Oveja Negra, ha sido una de las conversaciones más subversivas que jamás haya tenido. Segundo, problematizar al hombre desde la idea del orden que proponen e imponen los gobiernos, con el fin sublime de la felicidad social.
            Aquella experiencia estética, se reveló otra vez, en otro sitio, con otros seres. Era el segundo piso de un antiguo edificio en el centro de Barcelona. El piso del medio. Tenía dos balcones, uno, el de sala, el otro, el de una habitación. Ambos daban a la calle Girona. Calle de poco transito, con el rumor de la gente conversando, de arboles altos, motocicletas estacionadas, algunas sillas y mesas que organizaban en la mañana y guardaban en la noche, era un sonido de metales que dos veces al día hacía las veces de un reloj. El clima era fresco, alrededor de los 20°C, ideal.
Dentro del piso, había otro mundo, otra forma no solo de ver la ciudad, España o Europa, sino de ver a Venezuela. Cinco venezolanos y una colombiana, que han hecho de la necesidad del espacio, un estilo de vida, de la compresión ante las relaciones humanas, de crítica y el entendimiento para vivir en armonía.
Como parte de esta política de las relaciones, los visitantes locales y foráneos, se pasean por el Girona 175, como resultado, entre varias categorías, era pensar en el país, ese que a la distancia se ve más con nostalgia que con alegría.


II
Venía de una estadía en Madrid en casa de Eliecer, hijo de un vecino de mis padres. Lleva más de tres años en España, es médico, cardiólogo, egresado de la ULA, digamos que le va muy bien. Pero esa será otra crónica.
Dos danieles, Patty, Nico y mi primo, el Dandy habitan el piso de Girona. Estudian, trabajan, viven el día a día de esta España y esta Europa de los escenarios de la eurozona y las consecuencias de la integración monetaria y la crisis financiera. Dos parejas y el Dandy, soltero temporal.
Sin embargo, aquel escenario era mucho más motivador para ellos que la idea del regreso. Tenían una habitación libre para los visitantes, a la que llamaré la habitación del “jardín de gente”, como la canción de Spinetta.
El piso de Girona tiene un largo pasillo, una amplia sala que se comunicaba al balcón que daba a la calle.  Dos baños, uno con ducha, compartido, con varias entradas.
Es un orden cooperativo, democrático, en pequeña comunidad, haciendo de aquel espacio, un lugar sereno, amable, muy limpio y ordenado. Si partimos de la dificultad del vivir con otras personas en el mismo espacio, entendía que no era algo fácil, pero lo manejaban bien.
También largas horas de noches frescas fueron propicias para pensar, ya no la sociedad latinoamericana y sus fuerzas políticas, como en el Oveja Negra, ahora era Venezuela como el espacio de nuestro interés. De los profesionales venezolanos que optan por este extraño exilio, a la espera de condiciones, de un modelo de país más atractivo, no desde una fuerza política por otra, como muchos podrían imaginar, sino desde el país visto por las acciones de las fuerzas políticas que lo habitan, tan agotadas y agotadoras, sin un proyecto verosímil, una clase política de gobierno y oposición que se acercan más a la pena ajena que al prestigio que inviste ese rol en la sociedad, pensabamos más la idea de país como un estado para la convivencia. Y lo llamativo es la cantidad de venezolanos que cada vez optan por la salida. Por eso tienen al “jardín de gente”, para darle un espacio temporal a los que intentan hacer vida fuera del país.

III
Con el vino llegó el tema de las parejas. Esta comunidad de Girona tenía otro modo de la vida en pareja, alejado de las convenciones tradicionales. Le daban al azar una cuota importante para el devenir, la idea del “juntos” desde la experiencia diaria, que a fin de cuentas es la que enriquece o empobrece a toda relación. Eso sí, cada oveja con su pareja.
Lógicamente que cada quien, no solo tenía una perspectiva, sino cada uno asomaba la vida propia como ejemplo de lo que nos ha tocado vivir bajo ese estado: aciertos y desaciertos, encuentros y separaciones, amor y desamor, compañía y soledad, en pocas palabras, las dualidades del amor. Cuando la madrugaba asomaba, también llegaban confidencias, revelaciones y consejos.
Así se fueron las horas, entre anécdotas, risas y celebraciones, quizá uno de los encuentros más francos del último tiempo, con el Dandy y su hospitalidad, sus ganas porque conociera lo turístico y no tan turístico de Barcelona, como aquel museo de objetos y maquetas en miniaturas que un anciano catalán tenía en el sótano de un pequeño edificio, esa también será otra crónica. Veremos qué pasa.

12.11.2011

El Pipas Bar de Barcelona



Por José Alexander Bustamante-Molina

Tocamos el timbre. La puerta se abrió sola. Se escuchaba un grupo de música y el murmuro de la gente. A la izquierda una luz amarilla iluminaba la barra de un bar casi vacía. A la derecha, un pasillo en penumbra, pero al instante se veía una sala, gente, y los músicos delicadamente iluminados. Era una banda de jazz en vivo, al finalizar cada canción, los aplausos llevaban la sala. Parecía una escena de Rayuela de Julio Cortázar.
Era casi la medianoche. Veníamos caminando por el laberinto del barrio Gótico, cuando sin darnos cuenta, entramos a la plaza Real, en Barcelona. El frío del otoño no llegaba aún, por lo que la gente además de prolongar la hora de dormir, andaba en ropa de verano, en especial las mujeres.
Gente de todo el mundo. Mujeres hermosas e indiferentes. Mi primo Cesar, un  dandi conocedor de todos los rincones, tal ves como pocos, recordó que en uno de los pisos existía un bar. En el segundo piso: el Pipa Club.
De bar en bar, las horas pasaban.
El primo vivía en un segundo piso de un edificio en la calle Girona, a escasas cuadras de Barrio de Gracia, y casi vecino de La Sagrada Familia, la verdad, era todo un lujo, no por el edificio en sí, sino por la ubicación, en pleno centro de un lugar que definiría Roberto Boñalo en su cuento Buba: “la ciudad de la sensatez… la ciudad del resplandor, donde uno se siente bien consumo mismo”, esa es la definición más maravillosa que un escritor jamás haya escrito sobre Barcelona. Según el relato de Bolaño, así la llamaban sus habitantes desde hacía mucho tiempo. 
  En todo caso poco importa la autoría, a fin de cuentas podría resumir lugares comunes, pero para quien la haya visitado, ese lugar donde uno puede sentirse bien consigo mismo, puede existir en la calles de Barcelona.
El contraste entre la montaña y el mediterráneo, las calles con árboles, limpias, silenciosa, un aire de tranquilidad, eran las condiciones para caminarla y contemplarla. El lugar como uno quisiera que fuera una ciudad para vivir, como nos gustaría que fuera Mérida, esa Mérida de la Avenida Urdaneta, de los parques, limpia, segura[1].
Gente en bicicleta, en patines o patineta, respeto a los peatones, gente caminando a cualquier hora. Gente de todo tipo. Museos, tiendas de curiosidades, muchas librerías, en fin, una aglomeración cultural que ha conseguido un particular sentido de la armonía urbana, esa forma del catalán tan particular, que lo convierte en centro del debate territorial.
Serían días necesarios para sentirse bien conmigo mismo. Era la mitad de una travesía por tierra que me traía desde Oporto, pasando por Madrid. Me esperaba Granada, Sevilla y Lisboa. Veremos qué pasa.



[1] En Barcelona  tuve una desagradable revelación: en verdad perdimos nivel de vida. Poco importa señalar culpables. Lo que preocupa, es cómo rescatar el espacio urbano. Las calles limpias, seguras y los espacios públicos como lugares de encuentro y no de embocadas.

8.04.2010

El fútbol y los toros


En momentos absolutamente lúdicos el fútbol entona el “olé… olé”. Un préstamo eufórico de la siempre controversial fiesta taurina[1]. La curiosidad del espectáculo une al fenómeno mundial con la curiosidad regional de los toros: los “olé” se cantan en algunos pasajes, un momento de encuentro entre los asistentes y los jugadores.
Juan Nuño, filósofo y crítico de cine español/venezolano publicó aquel memorable artículo titulado: El fútbol, la muerte y los toros donde analizaba las particularidades de las dos actividades unidas por el coro del “olé”.
El canto sale de las tribunas cuando uno de los dos contrincantes (el torero o el equipo que gana, golea y juega bien) domina la escena y falta poco para la culminación de la jornada.
El canto del “Olé” en el fútbol es un deleite al juego y una manera de demostrar la superioridad al rival que está al frente, por el contrario en los Toros, es el anunció de la muerte del animal, lejos de ser arte, es un ritual primitivo.


Queda claro que existe una fuerza cultural que se resiste al sospechoso acto de la vida y la muerte de la llamada “fiesta brava”. Por eso no es poca cosa que la legislación descentralizada de Cataluña haya prohibido esta actividad que suele adjudicarse a toda España.
Curiosamente en momentos de nacionalismo, descolonización y revolución, (que no es lo mismo aunque compartan conceptos), llama la atención que los Toros persisten en el tiempo en muchas ciudades venezolanas como  una actividad tan colonial como la esclavitud. Nos retrocede culturalmente a no menos de cuatrocientos años.
Como toda actividad cultural, en el caso de los Toros, era un entretenimiento campestre que desde las plazas de los pueblos se popularizó el enfrentamiento hombre-bestia, como los rituales funerarios griegos que evolucionaron hasta lo que llamamos juegos Olímpicos (basta con leer la Ilíada).
En el deporte o en el arte no se debe matar a nadie durante el espectáculo, que es el punto neurálgico del debate respecto a los Toros: la muerte del animal.


Los Toros se asemejan más al circo romano y al circo medieval europeo. El hombre y el animal en un particular espectáculo para la masa. Sabemos que el acto de muerte del antiguo imperio romano era un entretenimiento primitivo.
La popularidad de los Toros está limitada a una zona geográfica del España, Francia, Portugal y América Latina, lo que los convierte más en una “curiosidad” que en un fenómeno cultural, atractivo al turismo, una curiosidad que roza el campo de la antropología que se enfoca al estudio de sociedades tribales, que desde lo económico beneficia a un grupo de familias que han hecho de la cría y venta de toros de lidia una actividad comercial. Veremos qué pasa.


[1] Tauromaquia,  carnicería taurina o un acto primitivo de la muerte para saciar el frenesí demoledor y destructivo que lleva el hombre en sus entrañas.


7.09.2010

Semana cuatro: El otro Mundial, el mismo


Hace un año conversé quince minutos con Horacio Elizondo. Es lo más cerca que estaré de Zidane, y hasta ahora lo más cercano a un árbitro histórico de un mundial: expulso a la estrella el día de su retiro en el fútbol. Comprendí que la justicia deportiva en el fútbol de hoy es para otro juego, el fútbol es un juego injusto y por eso a verlo, nos congela.
            No todos podemos ir a los Mundiales, hay un Mundial que se crea para el resto del mundo, primero el de las quinielas, luego el Mundial de los equipos eliminados.
A estas alturas, los juegos escasean por la lógica del torneo de ir eliminado en busca de un campeón, y en esa frecuencia, se llena de noticia basura, donde persiguen a los técnicos, a lo que reciben con aplausos, a los que se esforzaron y eliminaron algún equipo de ranking FIFA mayor, a los que no quieren renunciar, paulatinamente mientras todo eso se da, los anuncios de negociaciones y transferencia de jugadores comienzan a ser más frecuente, que si Di María al Madrid, que si Toure al Manchester City, que si de Argentina a México, de México a Turquía, de Turquía a Francia, de Paris a Madrid, de Madrid a Liverpool. Bancos, conversaciones, transferencias, créditos, plazos de pago, se habla de millones con mucha facilidad, para no ser descarados omiten los ceros: 10 o 30, son multiplicados por millones.

            Entre Ciudad del Cabo y Johannesburgo se mueve la información, quien la captura la hace noticia mientras no  hay juego, si hay noticia hay sintonía, lectura en internet, fotos esplendidas. Ese es nuestro Mundial, el de la televisión, de los esperanzados en las quinielas, pero el otro Mundial, el mismo, se maneja en silencio, con cautela, sin escándalos: pactos de hombres de fútbol. Es un juego de caballeros, por eso al final, los jugadores se saludan, se abrazan, como compañeros de guerra lúdica.
            Un testimonio de Carlos Salvador Bilardo, suerte de García Márquez del fútbol (si no le sucedió a él, entonces se lo contaron). Ha dicho en reiteradas veces que la mayoría de jugadores argentinos que en fueron a Italia 90, se quedaron en Italia, en su mayoría, y otros fueron transferidos a otros países de Europa. La razón era muy sencilla, como el Mundial es un gran mercado de jugadores que están encerrados en concentraciones aisladas, en restaurantes de lujo y también aislados, se reunían a dirigentes y apoderaros. En el Mundial van todos a la gran compra y venta, un mercado deportivo: el escenario es la cancha. Pero en algún momento se reúnen todos: jugador, apoderado y dirigente deportivo.
            A medida que avanza el torneo, el jugador se cotiza, y el premio mayor es quién se queda con el mejor jugador, el mejor de la final, el más importante del torneo. Si es de un club grande, su contrato se revalúa, si es de otro tipo de equipo, como el Atlético de Madrid o la Universidad Católica o el Udinese, entonces estamos frente a una gran cotización, y a una gran negociación, nadie saldrá perdiendo.
El relato de Bilardo confirma que este otro Mundial, es el mismo, el del mercado deportivo, el de la televisión y las marcas de consumo masivo, el del juego, el de las esperanzas, de los asistentes, el mal jugado, defensivo, especulativo, el que nos dice que todo juego perdido es una derrota en cadena, el que nos dice que cada triunfo se traduce en dinero.
Así es el Mundial, es cosa de aglomerar todas las virtudes en un solo equipo. Distinto a ser el mejor. Veremos qué pasa.


5.01.2010

El juguete roto

La frase de anticipación pertenece a Vito De Palma, la dijo en el programa Hablemos de Futbol Internacional, en la previa del esperado Barcelona-Inter de Milán. En la mesa de comentaristas quizá De Palma sea el mejor analista de fútbol de los medios deportivos del continente. Con su tono de italiano recién desembarcado a Buenos Aires, fijó una postura de la cual comparto y hasta ahora es la única que puede explicar la eliminación del Barcelona, “es como un juguete roto, ya no sirve, aunque fue muy hermoso”. Añadía que toda innovación en el fútbol es de duración breve hasta que alguien la descifra.
            Recordemos que hace más de una semana el Barcelona sufrió para empatar a cero con el Español, en el derby de esa ciudad. La opinión deportiva hablaba que el equipo estaba concentrado en la semifinal de la Champions y de un posible y placentero viaje por tierra hasta Milán, con escala en Cannes. Después de ver el juego pensé que hasta el momento, ese había sido el único equipo capaz de descifrar el esquema ganador de Guardiola.

            La única forma de contrarrestar a un equipo que juega muy bien, es no dejarlo jugar, algo que los más ingenuos llamarían el anti fútbol. Esa noche en Barcelona, Messi fue sencillamente insuficiente, y a media semana con el Inter, pasó lo mismo, y con marcador abultado. El equipo dirigido por Mourinho consiguió la clave, algo que había sido muy difícil de conseguir para el resto de los DT. Ya lo había asomado el técnico portugués días antes, diciendo que el Español de Barcelona había dado en el clavo para no dejar jugar al Barcelona.
            Entendí después del 3-1 que el secreto del Barcelona había sido descubierto y que no dejarlo jugar a su manera sería el único camino para ganarle a un equipo que jugaba tan bien, que era capaz de aburrir de tanto ganar.
            Comprendí por qué Messi hace poco y nada en su selección: la propuesta de Maradona es tan ligera que cualquier técnico más o menos preparado es capaz de descifrarla y no deja que el talento de sus jugadores, en especial el de la pulga, brote como lo hacía hasta hace unos días en su club español.

             El juguete roto de Vito De Palma, fue la única forma de ilustrarle a sus colegas para que comprendieran que el modelo futbolístico del Barcelona instaurado por Guardiola y tutoreado por Cruyff había llegado al terreno de la predecibilidad lúdica y que lo había hecho el técnico del Inter de Milán en un claro ejercicio hermenéutico. Además demostró que la simpatía y  la inteligencia son dos cosas distintas. El DT portugués se ha caracterizado por un tono sarcástico y frontal cada vez que se enfrenta a la mecánica prensa deportiva, lo que le ha restado porcentaje de popularidad en el mundo mediático.
Con la eliminación del Barcelona, que en los últimos meses había despertado un fanatismo ligero en todo el mundo, Mourinho ahora ha puesto las cosas en su lugar: el fútbol es un juego de rachas, en la medida que la racha de triunfos, en este caso, es más extensa, entonces la paradoja nos lleva a pensar que se está más cerca del camino de las derrotas. Para Messi, Guardiola y el Barcelona no será el fin del mundo, ni si quiera una tragedia, pero si el fin del juguete que se ha roto, según de Vito De Palma. Veremos qué pasa.
           
             


4.09.2010

Café con Shandy



(a propósito del Real Madrid-Barcelona)

El público poco a poco, en fila india comenzaba a llenar un auditorio con capacidad para unas 150 personas. El escenario es en Barcelona, España, hace pocos años. Antes, una imagen mostraba un sencillo cartel: “Derby Literario: Enrique Vila-Matas vs. Javier Marias”, si bien no hay muchos detalles de la conferencia, el documental Café con Shandy de Enrique Díaz Álvarez deja explícito cómo el fútbol penetra los lugares más complejos de la sociedad moderna, y vemos con más frecuencia (gracias al periodismo deportivo “ligero” y de poca inteligencia) y sumándose, a muchos intelectuales que cada día elabora perspectivas sobre el deporte como una actividad cultural y hacen esfuerzos por explicar el fenómeno social, económico y lúdico llamado fútbol, desde las ideas y no desde simples opiniones.



Como sabemos, los actores del Derby Literario Javier Marias y Vila-Matas (seguidores del Real Madrid y Barcelona, respectivamente) son dos de los escritores españoles más reconocidos en la actualidad, ambos, ganadores del premio de Literatura Rómulo Gallegos (y grandes candidatos para el premio Nobel en algún momento) ambos con presencia constante en la prensa española como articulistas sobre literatura y fútbol.
Café con Shandy es un documental que no trata de fútbol, realmente es una entrevista que hace Juan Villoro a Vila-Matas. Villoro es uno de los intelectuales mexicanos contemporáneos de relevancia dentro de la cultura latinoamericana,  recordado por su libro “Dios es redondo” y por su célebre artículo sobre Maradona “Apuntes de un pie izquierdo”. En el documental deja de lado el fútbol y se acerca con mordaz criterio a la obra de Vila-Matas, abordando al escritor catalán desde el lenguaje de la crítica literaria; se pasea por las nociones, las historias y todo lo que podríamos llamar el modelo literario vilamatiano, es decir, la construcción de una narrativa autónoma que explora la infinidad de posibilidades de los mundos ficcionales, la misma que ha servido de modelo a muchos escritores latinoamericanos, donde las formas y las historias se entrecruzan, la literatura dentro de la literatura, generando una expresión estética literaria que Hace critica desde la propia ficción, una literatura para muchos singular, rara, de culto y en otros caso poco leída, inentendible y menospreciada.
La Literatura como acto de comunicación en la sociedad, también se convierte en acto de liberación que desde el escritor pasa a los lectores: quien lee se libera -intelectualmente hablando- de los procesos que oprimen la conciencia. Por eso, cada encuentro de escritores, cada encuentro de la literatura es un acto de liberación, de expansión de la conciencia crítica. Porque desde la palabra somos capaces de modelar mundos que nos sirvan de referentes para la construcción de la sociedad moderna. Podemos hablar de fútbol sin hablar de fútbol, sin grandes imágenes, por eso la escritura genera poder en el lector. Quien lee abre la posibilidad que el mundo de la ficción exista, que es nuestro mundo, el mismo, como lo pensaba Borges.
La cultura actual esta llena los valores que nos imponen deportistas millonarios en dos días, cocineros que preparan platos de comida por televisión, iluminados que predicen el futuro con cartas de tarot, entre una larga lista de personajes planos, como lo díra Seymour Chatman. Por eso, escribir sobre fútbol es la construcción lateral de la relación lúdica con la sociedad.  El hombre necesita del juego como una forma de relacionarse. Para nosotros la literatura y el fútbol es un ejerciccio de comprensión del hombre y la sociedad. Veremos qué pasa.


1.22.2010

Los hilos invisibles de Johan Cruyfh



La los hilos del poder se convierten en una poderosa máscara que en vez de mostrarnos a quienes lo controlan, los lleva a la invisibilidad, donde sospechamos, desde esa condición, controlan un universo limitado. En la medida en que el sujeto es más invisible, suele ser más poderoso.

He ido un par de veces al palco del Nou Camp del Barcelona, recordaba Enrique Vila-Matas, sentado en un sofá amarillo del hotel la Pedregosa de Mérida, el año pasado aquí en Mérida, en el marco de la Bienal de Literatura Mariano Picón Salas. La segunda vez que él visitaba el selecto espacio para mirar el fútbol, iba acompañando a los hijos del pintor Miró. Le preguntaron si él también era uno de los hijos, Vila-Matas asintió para no entrar en detalles y el portero los dejó pasar al privilegiado palco.

Cuenta el escritor catalán que en el entretiempo de aquel juego del que no importaba quienes se enfrentaban, en una barra del restaurant, Cruyf gesticulaba la actuación del Barcelona, evaluando con actitud de dedición influyente, mucho más que un directivo, mucho más que un presidente de un equipo de fútbol. Como lo cuenta Vila-Matas, es a partir del sujeto que controla la institución, que no necesita ser presidente para influir en la institución del fútbol, en este caso.

Los hilos del equipo los maneja el holandés, y genera una maravillosa suspicacia que Guardiola sea un técnico exitoso y siempre le agradezca a Cruyf como su mentor de futbolística intelectual, un circulo que es muy reducido, como los escritores y la literatura. No se imaginaba no el holandés no nadie, que estaba frente a un año que sería glorioso, histórico y único.

El mundo del fútbol está lleno de vacios, quien piense desde la estructura del fútbol se convierte en un sujeto influyente. El fútbol está lleno de poca inteligencia y eso lo ha visto Cruyf, Guardiola, Platiní, Valdano, y algunos pocos más. Como vemos, si el fútbol es el deporte más practicado del mundo, también es el menos inteligente. Jugar es pensar desde la diversión y pensar las sociedad desde un estado de diversión es una entrada de compresión a las redes sociales.

Si se comprende las relaciones de la sociedad, se comprende el hombre, pero el estado ideal se desdibuja cuando en la red de individuos existen los Cruyif que desde su poder son capaces de tomar una parte de la red social y controlan con los hilos invisibles del poder, como un fantasma que mueve los objetos, un titiritero, los hilos de Cruyf controlan los movimientos de la institución Barcelona FC.

El agradecimiento es una forma de entregarle el poder al otro. Johan Cruyif fue jugador y técnico del equipo blaugrana. Más allá del éxito deportivo, lo que le agradece Vila- Matas es la incorporación de espíritu de equipo, y dejar de mirar lo que hacía el Real Madrid, con Cruyif el Barcelona pasó a mirarse asimismo y eso es un principio de identidad. En la medida en que alejamos la mirada de nosotros mismos, en esa medida nos alejamos de la sociedad. El agradecimiento a Cruyif es mesiánico, está lleno de la identidad que desean los catalanes.

En la medida en que el poder hace invisible a sus dueños, la máscara nos hace ver un fútbol que sólo se va ensamblando desde su propio juego. Sabemos que existen sujetos visibles con el poder: Laporta, Florentino Pérez, Berlusconi, Macri, pero la lista de invisibles está indeterminada, infinita y en apariencia anónima. Es un juego de invisibilidades, aparecer es riesgoso. Vertemos qué pasa.