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Crónicas y series fotográficas de José Alexander Bustamante

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4.17.2011

El bunga bunga


El  13/04/11  a las 16:15 hice clic en el facebook de La Rama Dorada, donde el Diario Clarín de Buenos Aires publicaba un ejemplo del mercado de la prostitución actual y su relación con el poder, titulaban: “Dos chicas dieron detalles escandalosos de las fiestas de Berlusconi”. Luego, en un pequeño sumario decía: “Lo hicieron como testigos ante la fiscalía de Milán. Describieron el "bunga-bunga" y contaron las obscenidades que promovía el premier italiano”.
El texto, intercalado por una fotografía de una de las invitadas: “Ambra Battilana fue una de las testigos (AFP)”.
El resto de la nota relata la siguiente historia: “Dos jóvenes mujeres italianas revelaron detalles de las fiestas que solía celebrar el primer ministro italiano Silvio Berlusconi. Lo hicieron en calidad de testigos ante la fiscalía en Milán, que tramita el proceso en el que se lo acusa al mandatario por prostitución y abuso de poder.
Ambas mujeres contaban con apenas 18 años en agosto de 2010 cuando participaron de una fiesta en presencia de Berlusconi en su villa de Milán. Las testigos relataron detalles obscenos de esas fiestas, que reprodujeron varios medios italianos.
Los escandalosos testimonios de Chiara y Ambra se refirieron, particularmente, a una fiesta organizada la noche del 22 de agosto de 2010 en Villa Arcore. Las dos jóvenes decidieron el lunes presentarse ante el Tribunal de Milán por consejo de una senadora del partido de oposición Italia de los Valores.
Según sus revelaciones, el "bunga-bunga", descrito por la joven marroquí Ruby, no corresponde a las "veladas elegantes" que el millonario político asegura organizar para distraerse de sus compromisos oficiales.
"Quince minutos después de iniciada la cena, un grupo de chicas comenzaron a mostrar sus senos, lo tocaban en sus partes íntimas y ellas a su vez se dejaban tocar", cuenta Ambra. Mientras todo ello ocurría cantaban: "Menos mal que existe Silvio" y él respondía: "mis niñitas, mis niñitas".


"Después del enésimo chiste vulgar –sigue el relato de Chiara-, Berlusconi comenzó a pasar una estatua ante las chicas, una suerte de caparazón del que salía un hombre con un pene enorme. La estatua era grande como una botella de agua mineral de un litro y medio. El pene era visiblemente desproporcionado. La pasa ante las chicas y les pide que besen el pene. Lo besaban y simulaban sexo oral".
En un momento dado Berlusconi clama: "¿Están listas para el bunga-bunga?". Las chicas responden en coro: "íSí!,ísí!", sostiene la joven. Las dos jóvenes admiten la angustia que les suscitó bajar a un sótano con una pequeña discoteca en donde encontraron otras chicas disfrazadas de enfermeras, con minifalda y escotes notables.
En la discoteca, las jóvenes "bailaban en forma bien vulgar, se subían la falda, mostraban el trasero", cuenta Chiara al describir el llamado "bunga-bunga".
Según las dos muchachas acudieron una sola vez a la residencia, invitadas por Emilio Fede, de 79 años, director de noticias del canal privado de televisión Rete4, amigo íntimo de Berlusconi y también investigado por inducción a la prostitución.
Los abogados de Berlusconi rechazaron como poco creíbles las declaraciones de las dos jóvenes y recalcaron que contradicen numerosos testimonios de las fiestas y veladas del Primer Ministro.
"Si se quieren ir, muy bien, pero no crean que van a poder participar en el concurso de belleza de Miss Italia", amenazó Fede, al ver la reacción de las chicas de querer irse de la fiesta, según el relato de las muchachas.
Ambra y Chiara aceptaron participar en la fiesta tras la promesa de Fede de que presentarían un programa de televisión sobre las previsiones meteorológicas.
Los abogados de Berlusconi Piero Longo y Niccolo Ghedini rechazaron los detalles presentados por las testigos por inconsistentes e infundados. En cambio, la fiscalía de Milán a cargo del caso "Ruby" los consideró importantes "para esclarecer el contexto". Veremos qué pasa.

2.27.2011

Excesivamente normal

Por José Alexander Bustamante-Molina


“No sé sabe qué pueda ocurrir” me dijo Miguel Zsnetar cuando le pregunté cómo terminaría el efecto Egipto como se le ha llamado. Una semana después, en la previa a la presentación de la edición 3 de El Club de la Serpiente en la librería La Rama Dorada de Mérida, le pregunté a Alejandro Padrón ahora respecto a Libia, nadie mejor que él me podía dar un argumento verosímil, fue embajador de Libia y durante varios años desde adentro, conoció el sistema de vida de aquel país, tiene un libro a punto de publicar sobre su estadía al norte de África. Padrón era el menos optimista, entendía que era una fuerza poderosa la de Gadafi, como la de Fidel, como la de Chávez tal vez.
Con un raro parecido a Charly García, quizá por su vestimenta, y sus poses de hombre poderoso y cosmopolitita, Gadafi se ha retratado con todo el mundo, su aspecto taciturno es un principal rasgo de seducción, todos caen ante el Líder. La lista incluye desde el más derechista hasta el más populista de los políticos, no tienen concesiones sus vínculos sociales y seductores. Para él, Libia es su pequeño pedazo del mundo, su administración y su forma de ser autónomo. Líderes indígenas, ex militares, militares presidentes, monarquías, liberales, conservadores, modelos hermosas, mafiosos, empresarios, todos pasan caminan por su alfombran y se regocijan en su carpa.
Quisiera compartir con todos una muestra al azar de imágenes pescadas en internet sobre Gadafi.  Tituladas con apuro, todas un reflejo que nos ayudan a constituir sus capas ideológicas. Veremos qué pasa.



















1.08.2011

El hombre que camina

                                                                                                                                  
                                                                                                                             A Don Luis Caraballo

Era el último autobús que la chalana pasaría al otro lado del río Orinoco, al rancherío de Cabrutas en el estado Guárico, en todo el centro de Venezuela. Venía de Yarikajé, selva adentro, una experiencia de vida única en compañía del Hermano José María Korta y una docena de soñadores, era un proyecto de formación social para formar voluntarios que se insertarían en proyectos comunitarios.

            El retorno lo hice al lado del cineasta chileno Pablo de la Barra, quien producía un documental de aquella experiencia comunitaria, yo era su productor de campo. Para los ojos de la gente éramos dos personajes raros, inofensivos. La gente esperaba con paciencia el paso para viajar toda la noche hasta Caracas. De la Barra conversaba amorosamente con una joven que acompañaba su hermosura con un mono que la sujetaba a la altura de su vientre. De lejos se pensaría que era un recién nacido. Esa es una imagen que tengo siempre en mi mente.
            Una semana después de la llegada a Caracas, Pablo de la Barra me llamó para que fuese su asistente durante un día cubriendo una noticia que era fuente de opinión mediática para la época. De la Barra producía unitarios para RCTV y además era un productor y corresponsal de APTV. Estaba conectado con el mundo mediático y la puesta en libertad de Carlos Andrés Pérez, CAP, no pasaba por alto, fuimos con prisa a la oficina de la avecinada Libertador de CAP, el bullicio mediático era exagerado, había decenas de personas, algunas personalidades y mucha prensa. A lo lejos se veía la calva que lo caracterizó desde joven, hablaba del país, de que habían cometido una injusticia con él, la investidura de poder aún la conservaba pero estaba en grave deterioro, con cierta nostalgia se le notaba que no tenía tanto poder, y en su cara, creo hasta su muerte, tuvo esa expresión de nostalgia por el poder.

Aquella mañana era la segunda vez que lo veía. Antes, en Mérida, en la previa de las elecciones de 1988, en uno de esos actos populistas, tradicionales y necesarios fue la primera vez que lo vi. Recuerdo que su contrincante era Eduardo Fernández, un conservador que prometía como político, pero nunca pudo superar aquella derrota que le propinó CAP, una paliza.
También fue una mañana, en un sector de clase trabajadora, de profesionales, de gente trabajadora en general y de algunos delincuentes. Lo vi pasar en una camioneta Wagoneer color crema, iba en la parte de atrás conversando con alguien, llevaba el vidrio abajo y con una mano que sostenía en la ventana, iba saludando con indiferencia, de igual modo nos saludamos. 

          
   Entre el ascenso y el ocaso al poder, entre otras cosas, el segundo gobierno de CAP se enfrentó a la transformación de los medios de comunicación, comenzaba la noticia en “vivo”, el reino de la imagen tocaba la costa, no había nada que hacer, se coronarán en la vida del hombre,  las estructuras de la comunicación en el mundo que se cruzaron de forma simbiótica y se potenciaron a terrenos desconocidos que cada día nos sorprende. Un chispazo divino; primero la televisión por suscripción, la esperada llegada de las FM y el sonido digital, la aparición del CD, la telefonía celular, Maradona, el futbol italiano y el español por VTV. Walter Martínez era la imagen publicitaria de Colgate-Palmolive (“en dientes duros no entran caries”), todo era caldo de cultivo para el florecimiento de la Internet.
           

 Cambio de época y época de cambio. El hombre que caminaba fue en su momento el político más importante de Venezuela y buena parte del mundo: amigo de Cisneros, Felipe González y Fidel Castro, este último, fue la vedette en la segunda toma de gobierno hecha en el Teatro “Teresa Carreño”.
Lo que años más tarde tildarían de populismo y corrupción, en su presente fue progreso, inclusión y democracia. Somos una sociedad de la idea de La isla que se repite de Antonio Benítez Rojo: creemos en la promesa que se ofrece y luego nunca se cumple. Y la ceguera y el poder de la incandescencia del presente no nos dejan ver al lobo. Somos una sociedad que juega a la seducción de la promesa política, y siempre juega, y siempre pierde. Solo creemos en el lobo cuando lo vemos partir de vuelta, después que nos ha atacado, nunca cuando se aproxima. Ahí viene el lobo otra vez. Veremos qué pasa.


8.05.2010

El contexto deportivo


El fútbol (y casi todo el deporte) buscó territorios fuera del terreno de juego y abrió su contexto a las relaciones sociales en lo que conocemos como “mercado”. Al convertirse en producto más que en acción lúdica, el placer deportivo es un gran negocio en todo el mundo, se prohíbe perder, como dijo hace poco Eduardo Galeano en una entrevista a un periodista mexicano.
La lista de los proveedores del fútbol comienza desde los empleados del mismo estadio y termina en cada espectador que cambió la cancha por el televisor y puede ver un juego en vivo en cualquier parte del mundo, y en HD.
En medio de esa cadena comercial están las marcas deportivas, la prensa del corazón, los medios de comunicación, los gobiernos de muchos países. Pensar que el contexto deportivo es sólo lo que sucede dentro de la cancha y poco más de sus alrededores es una ingenuidad periodística.
La Copa Mundial, la Copa América o la Eurocopa son organizadas bajo el amparo de sus gobiernos nacionales y por extensión se convierten en asuntos de estado. Hace pocas semanas el gobierno argentino compró los derechos televisivos del fútbol en una polémica de más de 500 millones de dólares, donde PDVsur es uno de sus patrocinadores principales, como lo es PDVSA en el uniforme del EMELEC de Guayaquil (¿y los gastos suntuarios?.

           
           Cuántas veces hemos dejado de ver un evento deportivo por la interrupción o anuncio de una cadena de televisión. Cada vez que se va la luz, por ejemplo, la red social que ha construido el deporte se ve alterada.
El histórico triunfo de Venezuela ante Nigeria mucha gente lo vivió desde mensajes de textos por celulares ya que media ciudad no tenía electricidad. Entonces vemos que el servicio eléctrico, aunque no sea evidente, también forma parte del contexto deportivo, porque dicho contexto se inserta en la sociedad, la red social del deporte es tan grande que es una de las cosas en que más se parece a la Literatura.

Es decir, formas de expresión cultural que penetran a todas las capas sociales, como la publicidad o los medios de comunicación, salvo que estos últimos contienen diversos valores morales que en la mayoría de los casos se pueden someter al cuestionamiento.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua dice que el contexto (del latín contextus), es el “entorno lingüístico del cual depende el sentido y el valor de una palabra, frase o fragmento considerados, el entorno físico o de situación, ya sea político, histórico, cultural o de cualquier otra índole, en el cual se considera un hecho” entre otras acepciones menores.
Todo sistema se inserta en otro sistema y así hasta el infinito en una forma geométrica que podemos visualizarla como en la Biblioteca de Babel de Borges. Son hechos de toda índole.  No es poca cosa que Xavi y Pujol hayan festeado la copa del Mundo con la bandera de Cataluña y no la de España. Pensar que la política y el fútbol no tienen una vinculación, es un macro estado de conocimiento.


Todo contexto en un entorno, como las capas de una cebolla, separarlo del todo es un estudio pormenorizado de un aspecto: el jugador, el estadio, las redes de marketing, el servicio eléctrico, la seguridad de los organismos del Estado como la Policía o la Guardia Nacional. Vemos que todo se involucra.
Las páginas o los programas audiovisuales deportivos no cumplen una función de entretenimiento únicamente, también son portadoras del contexto deportivo, entendiéndose por este algo más que los lugares comunes que reproducen buena parte del llamado periodismo deportivo, que en pocas ocasiones investigan o reflexionan sobre el contexto en sí, tan sólo se limitan a la descripción básica de los hechos y no profundizan en la diversidad de variables del entorno deportivo y social. Veremos qué pasa.

6.04.2010

Invictus


La visibilidad de Sudáfrica gracias al Mundial de Fútbol hace que la película Invictus (Clint Eastwood, 2009) tenga pertinencia para conocer parte del pasado político-deportivo de ese país. Dejemos claro que si bien el tiempo es cíclico como lo pensaban los mayas, los momentos son únicos.
            La historia del film es sencilla, predecible y heroica, basada en el libro de John Carlin de nombre Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game that Made a Nation, revive el triunfo como local de la selección nacional durante la Copa Mundial de Rugby de 1995 y cómo la relación, por un lado, entre Nelson Mandela (Morgan Freeman), Presidente en aquel momento, con un pasado  político de casi tres décadas en prisión, y del otro lado, el jugador y capitán de la selección de Rugby François Pienaar (Matt Damon), referente deportivo de aquel país.
Partiendo que el Rugby es el deporte más seguido y popular en Sudáfrica, pocos apostaban a que ese equipo saliera campeón. Más allá de querer revivir glorias del pasado con la esperanza de repetirlas (véase el caso Maradona y Argentina), la tensión narrativa se centra en el interés desde el deporte de Mandela por llevar la armonía social del país, en una suerte de reconciliación necesaria, dejando de lado el pasado, su pasado, en especial y haciendo uso de eso que para nosotros es demagogia: primero el país antes que el Presidente. La historia deja explicito el interés del poder en acercarse al deporte como una vía de agraciarse con la sociedad, de elevar los rangos de popularidad, de establecer vínculos de entendimiento desde la diferencia.


Si miramos los grandes eventos deportivos, en el pasado reciente y lejano, no nos debe extrañar que en muchos casos los presidentes son estrellas centrales, es especial los militares, los fascistas y los populistas (¿toda la clase política?) Y tanta presencia del poder en algunos casos se pone en duda los resultados deportivos, en especial en los equipos locales.
Si agregamos los convenios comerciales, vemos cómo cada día, los triunfos deportivos son más blandos en su credibilidad. Ignoro si fue el caso de Sudáfrica y su Mundial de Rugby. En todo caso, queda relevante la presencia del poder y su influencia del éxito deportivo en la sociedad. Una vía de acceso a la opinión pública, desde la bondad y la falsa pureza e imparcialidad del evento deportivo.

La moraleja de la película podemos centrarla en la relación poder y deporte, como mecanismo mediador de los interés ideológicos. Desde el film, Mandela observa que con el deporte la sociedad se reunía de forma espontanea y de tolerancia racial y social. Comprendió que era un mecanismo de reconciliación.  Evidencia la diferencia entre un premio Nobel el de la Paz y un líder político. El primero es un luchador social con conciencia plena de su responsabilidad, el segundo es un interesado en los objetivos electorales, partidistas y personales. La unión de los dos es casi una utopía, no por el premio de la paz, sino por la lucidez de conciencia social que debería tener todo político al momento de encarar sus responsabilidades. La reconciliación social es necesaria en toda sociedad, Mandela nos da su ejemplo, Invictus es una buena forma de acercamos a su ideología, de comprender al político en su intimidad, en su soledad, en sus miedos. Veremos qué pasa.






2.20.2010

En Irán, las mujeres no van al fútbol


Las comedias como género de representación artístico se caracterizan por disfrazar la realidad con el velo de la risa, lo cómico y hasta lo grotesco, por lo que la denuncia del discurso en muchos casos se hace sin que el denunciado lo perciba como un ataque a sus fundamentos ideológicos y de poder.
La película iraní Fuera de juego (2006) del director Jafar Panahi (guión de Shadmhr Rastin) se recrea en el juego que clasifica a Irán al Mundial de Alemania 2006. Bajo un modelo narrativo “kafkiano”, es decir, sin mostrar el objeto que se construye con el discurso ficcional, un grupo de mujeres van siendo arrestadas por querer entrar al escenario deportivo vestidas de hombres, debido a la prohibición a las mujeres para asistir a lugares donde la mayoría de las personas sean hombres. Los argumentos demarcan un claro desbalance de los derechos de la mujer en buena parte del llamado mundo islámico.


La película también ridiculiza el mundo y la “inteligencia” militar, ya que uno de los soldados que siempre está gritando a las mujeres no sabe a ciencia cierta por qué es la prohibición, hasta que un momento dice “son ordenes de los superiores”, “yo solo recibo ordenes”.
Sin embargo, y para sorpresas de muchos, el Irán que muestra la película, Teherán para ser más exactos, es una ciudad de grandes avenidas, carros nuevos  y en alguna medida se puede percibir bienestar social de carácter urbano. La diferencia y el alejamiento con dicha sociedad no está en su infraestructura, sabemos que es un país petrolero y que ha llegado a desarrollar energía nuclear para distintos fines, uno de ellos para hacer la “guerra santa”, y es justo ahí donde el mundo islámico se hace incompatible con nuestros valores culturales, occidentales o como queramos llamarle. Una sociedad que para muchos nos separa al menos dos cientos años. Mientras en occidente el hombre pudo separar la religión de la política, “la muerte de Dios” como lo alegorizó Nietzsche, una manera de  decirnos que ahora Dios es un ente más individual que social.


Vemos como en Irán la religión y la política siguen unidos como en la Edad Media lo era el cristianismo. En Irán tienen como autoridad máxima, por arriba de la sociedad y de los presidentes a un líder religioso que viene a ser una suerte de monarca de la fe, de administrador del porvenir del país.
Cuando se anima a un mundo multi-polar cuesta creer que escenas como las que nos deja ver “Fuera de Juego” releguen al sujeto femenino a ciudadanas de segunda clase. Una cosa es verlo desde la comedía, y otra cosa es hacer un ejercicio social de la realidad sin la risa. Lo divertido en los 89 minutos del largometraje deja de serlo en la milenaria cultura que ha llevado a la mujer al otro extremo. Es decir, en el mundo occidental nos muestra en muchos casos, a la mujer como  figura de la publicidad y de los modelos de la belleza, la frialdad y la banalidad del mercado, y en el mundo islámico es poco más que gente. Ni lo uno ni lo otro. El mundo al revés como dice el libro de Eduardo Galeano.


También es cierto que en muchos países de esos que llamamos “árabes”, el género femenino ha ganado espacios públicos, pero sigue siendo limitado. Muchos políticos y religiosos siguen justificando las prohibiciones como parte de los “valores de una cultura”, una justificación que pasa por la frase “es que ellos son así y hay que respetarlos”. Desde el fútbol “Fuera de juego” ha representado una realidad enmarcada en la pasión de un deporte popular que traspasa géneros y prohibiciones. Veremos qué pasa.

1.22.2010

Los hilos invisibles de Johan Cruyfh



La los hilos del poder se convierten en una poderosa máscara que en vez de mostrarnos a quienes lo controlan, los lleva a la invisibilidad, donde sospechamos, desde esa condición, controlan un universo limitado. En la medida en que el sujeto es más invisible, suele ser más poderoso.

He ido un par de veces al palco del Nou Camp del Barcelona, recordaba Enrique Vila-Matas, sentado en un sofá amarillo del hotel la Pedregosa de Mérida, el año pasado aquí en Mérida, en el marco de la Bienal de Literatura Mariano Picón Salas. La segunda vez que él visitaba el selecto espacio para mirar el fútbol, iba acompañando a los hijos del pintor Miró. Le preguntaron si él también era uno de los hijos, Vila-Matas asintió para no entrar en detalles y el portero los dejó pasar al privilegiado palco.

Cuenta el escritor catalán que en el entretiempo de aquel juego del que no importaba quienes se enfrentaban, en una barra del restaurant, Cruyf gesticulaba la actuación del Barcelona, evaluando con actitud de dedición influyente, mucho más que un directivo, mucho más que un presidente de un equipo de fútbol. Como lo cuenta Vila-Matas, es a partir del sujeto que controla la institución, que no necesita ser presidente para influir en la institución del fútbol, en este caso.

Los hilos del equipo los maneja el holandés, y genera una maravillosa suspicacia que Guardiola sea un técnico exitoso y siempre le agradezca a Cruyf como su mentor de futbolística intelectual, un circulo que es muy reducido, como los escritores y la literatura. No se imaginaba no el holandés no nadie, que estaba frente a un año que sería glorioso, histórico y único.

El mundo del fútbol está lleno de vacios, quien piense desde la estructura del fútbol se convierte en un sujeto influyente. El fútbol está lleno de poca inteligencia y eso lo ha visto Cruyf, Guardiola, Platiní, Valdano, y algunos pocos más. Como vemos, si el fútbol es el deporte más practicado del mundo, también es el menos inteligente. Jugar es pensar desde la diversión y pensar las sociedad desde un estado de diversión es una entrada de compresión a las redes sociales.

Si se comprende las relaciones de la sociedad, se comprende el hombre, pero el estado ideal se desdibuja cuando en la red de individuos existen los Cruyif que desde su poder son capaces de tomar una parte de la red social y controlan con los hilos invisibles del poder, como un fantasma que mueve los objetos, un titiritero, los hilos de Cruyf controlan los movimientos de la institución Barcelona FC.

El agradecimiento es una forma de entregarle el poder al otro. Johan Cruyif fue jugador y técnico del equipo blaugrana. Más allá del éxito deportivo, lo que le agradece Vila- Matas es la incorporación de espíritu de equipo, y dejar de mirar lo que hacía el Real Madrid, con Cruyif el Barcelona pasó a mirarse asimismo y eso es un principio de identidad. En la medida en que alejamos la mirada de nosotros mismos, en esa medida nos alejamos de la sociedad. El agradecimiento a Cruyif es mesiánico, está lleno de la identidad que desean los catalanes.

En la medida en que el poder hace invisible a sus dueños, la máscara nos hace ver un fútbol que sólo se va ensamblando desde su propio juego. Sabemos que existen sujetos visibles con el poder: Laporta, Florentino Pérez, Berlusconi, Macri, pero la lista de invisibles está indeterminada, infinita y en apariencia anónima. Es un juego de invisibilidades, aparecer es riesgoso. Vertemos qué pasa.



1.03.2010

El grito de Copenhague


Cuando un partido de fútbol es suspendido, pensamos que cosas muy importantes y trascedentes están sucediendo a su alrededor. La lógica nos dice que con tantos intereses comerciales y la complejidad de los calendarios, la actividad deportiva intenta sobrellevar la adversidad hasta que algunas alarmas se encienden y deben tomar la difícil decisión de “suspender”.

El temporal de invierno en Europa obligó a la paralización de muchos encuentros de fútbol. Los puntuales vuelos y trenes europeos vivieron la perplejidad de la paralización. Como desde hacía mucho tiempo la nieve volvía a cubrir con su manto de felicidad mentirosa, en países como Rumania los muertos por congelación suman cifras importantes. La nieve y el frío volvieron después de varios inviernos de agradable frío. El invierno es un infierno.

Por los mismos días, en la impecable Copenhague, donde sólo viven un millón de daneses, se desarrollaba una mediática reunión. Dinamarca es recordada en el futbol por ser aquella que ganó como invitada la Eurocopa de Suecia de comienzo de los noventa y en la literatura, lógicamente por el príncipe Hamlet de Shakespeare.

En esa impecable ciudad, la burocracia política mundial se reunió para debatir el tema más importante de nuestra era: el medio ambiente. El resultado fue previsible cuando de políticos reunidos se trata: un desastre. Ni siquiera los Ministros de Ambiente de los países saben cuál es su verdadera función social. Una cumbre (nombre bondadoso para una reunión de este tipo, debería llamarse Circo o Averno) donde sólo hubo prensa, polémicas y señalamientos.

Viendo aquella función, que servía más de comida para los medios de comunicación que para el ambiente, me preguntaba qué hace Venezuela por el tema: nada. Después de varios días, lo sigo pensando y la respuesta es casi nada. Me detendría en la política de Parques Nacionales, digan de ejemplo y poco más. Venezuela cuenta con muchos parques nacionales, zonas verdes que estarán protegidas por siempre de la mano depredadora del desarrollado descontrolado.

Mientras los países industrializados contaminan hacia el cielo, el resto contamina hacia abajo; a la tierra, a los ríos. Leonardo Boff, el teólogo brasileño, distinguido por ser uno de los impulsadores de la Teología de la Liberación publicó un célebre libo: “ECOLOGIA, grito de la tierra, grito de los pobres”, su tesis se sustenta en que el mundo será ecológico en la medida en que la pobreza disminuya, y la pobreza disminuye con una política ecológica: sin aguas negras, con agua potable, con parques naturales, con control en el uso de fertilizantes para la agricultura, reciclaje de desecho salidos, donde no ensuciemos las calles, donde se controle el monóxido de carbono que expulsan los carros, entre una lista no muy larga de eso que conocemos como Bienestar Social.

Venezuela como país no tiene ninguna moral de señalamiento ambiental. Todo lo contrario, debe ser uno de los lugares con más acusaciones: ríos contaminados, incluyendo el Orinoco y el Caroní. Agricultura descontrolada en el uso de químicos que van a la tierra y luego a las aguas, proliferación minera y petrolera, basta ver el documental “El bosque silencioso”. Por ejemplo, la plantas termoeléctricas que se supone solucionaran el desastre energético que tenemos, se traducen en más contaminación. Todo esto sin entrar en detalle sobre los desechos sólidos, no existe ninguna política de reciclaje.

Algo más decía Boff en su libro: el capitalismo liberó los sueños y privatizó la vida, el comunismo privatizó los sueños y liberó la vida. Era el preámbulo a la tercera vía, la de la ecología, la que no se ha comprendido a plenitud mientras exista el petróleo y nos vedan la industria y el consumo como Bienestar. En la medida en que le petróleo sea el sustento del mundo, no podemos hablar de ecología, sino del grito de la tierra, el de nosotros. Veremos qué pasa.