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Crónicas y series fotográficas de José Alexander Bustamante

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1.28.2011

La camiseta o el amor infinito



Hace tiempo reflexionaba sobre el amor de la camiseta, a partir de  la imagen ya repetitiva de los dedos que la desgarran con rabia interna, un particular sentimiento que sale del alma con el grito de gol.
Como lugar común, acompañamos el coro que todo puede movilizarse en los racionamientos del ser, acepto el amor a la camiseta: Juventus, por Platini, Roma por Batistuta, Velez Sarfield por que lo vi, Atlético de Madrid por lo sufrido como Estudiantes, y a Estudiantes por Estudiantes, una explicación solo posible aclarar desde lo tautológico.
Desde hace tiempo he venido escribiendo mucho, largo y disperso en temas, cantinflesco, en particular cuando cada semana un periódico local se apoderaba de mi escritura, hasta que comencé a comprender que era un gasto innecesario teniendo el internet. Un afán que comenzaba un jueves por la noche, como ahora, para una lectura de viernes por la mañana, darle clic a enviar, por la tarde, o el sábado un correo en cadena. Luego apareció el blog, allí la imagen se convirtió en otro elemento, lo denotativo.
Los cambios en la arbitrariedad  y relatividad del tiempo me llevan a escribir menos, pero a pensar más. 
El fútbol de hoy es de tan poco valor artístico, que ya he comenzado a pensar que es absurdo alimentar un imaginario con un deporte que de su miseria debe prostituirse a la prensa para ganar mucho dinero, construyendo escándalos, rumores, haciendo del contexto lúdico algo de menor importancia.
Ahora lo esporádico dicta el sentido receptivo del fútbol y se convierte en un tiempo para pensar que es a fin de cuentas, una reiteración de un único juego, del mismo juego, una paradoja borgiana, uno más parecido al otro, tan aburrido como ver jugar al Barcelona, ya ni siquiera juega bien, es mucho más, golea y parece un circo, hace malabares, no tiene oponente,  ya perdió la gracias.Veremos qué pasa.




3.10.2010

Una soledad tan concurrida...


La frase del título pertenece al poema Rostro de voz de Mario Benedetti. Coincide cuando veo que la página oficial de la Federación Venezolana de Fútbol, FVF,  es un andamiaje informativo que copia la estructura ya globalizada de las distintas páginas oficiales y oficiosas de las Federaciones de fútbol del continente y noto que pongan con valentía en los datos de los encuentros  la cantidad de público que asiste a cada juego, es posible que sea alguna normativa de la Confederación Suramericana de Fútbol,  Conmebol, en todo caso poco importa, en todo caso es una radiografía del fútbol venezolano que debería prender las alarmas de un campeonato mediocre, que se refleja en el poco interés del público en ir a presenciar poco más que un encuentro semi profesional.
Tomaremos sólo un ejemplo. La Jornada 7 de la Copa Movilnet, celebrada a comienzos de marzo del Torneo Clausura 2010 registró la siguiente asistencia, según las propias declaraciones de los clubes: Dvo Italia 4 - Carabobo FC 0 Estadio: Olímpico de Caracas (600 personas). Aragua FC 0 - Caracas FC 1 (2.223 personas). CD Lara 2 - Llaneros FC 1 (3.410 personas). Atlético El Vigía 4 - SD Centro Italo 2 (915 personas), Real Esppor 2 - Monagas SC 1(1.440 personas). Zamora FC 2 -Estudiantes FC 0 (5.115 personas). Zulia FC 2 - Yaracuyanos FC 1(620 personas). A falta del Mineros- Trujillanos FC  y del Anzoátegui vs Táchira, que poco modificaría la suma, tenemos que en siete encuentros de primera división convocaron a 14.323 personas, es decir, que todas juntas no llenan un solo estadio.


 Este es un torneo que sobrevive, que a pesar de contar ahora con más presencia de la televisión y con estadios de primera no deja de ser un espectáculo pobre al transmitir encuentros con equipos de baja calidad, canchas vacías y césped más cercano para el pastoreo de ganado que para la práctica del fútbol.
Sólo para esas quince mil personas existe en su imaginario un campeonato importante, algunos imitando el colorido y los cánticos del futbol sureño, en un particular éxtasis deportivo, un autentico autoengaño deportivo.
 Si lo llevamos a las frías estadísticas, estaríamos frente a un espectáculo que salvo para la pequeña monarquía que lo maneja, para el resto es pérdidas y deudas. Una extraña filantropía que necesitaría una revisión fiscal para sincerar los ingresos y los egresos. En pocas palabras, democratizarlo, cosa que todas las federaciones, encabezada desde la propia FIFA se niegan a hacerlo.


Esas quince mil personas a un promedio de BF 40 por entrada, (que ya es una exageración, deberían pagarnos por asistir) equivale a un poco más de BF 11 millones, que dividido en los 18 equipos de la primera división nos darían un promedio de 625 mil por equipo, pero no olvidemos que las cifras se modifican cuando vamos al detalle y tenemos clubes que no convocan ni mil personas, no quinientas, a nadie, sólo familiares y amigos. Tampoco olvidemos que el promedio de sueldos de los jugadores ronda por los BF 20 mil al mes, que ajustado a nuestras realidades y al pobre espectáculo, es un salario sobrevaluado, si partimos que nuestro fútbol de profesional sólo tiene el nombre, ya que sus estructuras son de amateurs.
El profesionalismo obedece a un oficio que se ejerce dentro del sistema laboral de una sociedad, se remite a códigos y leyes, normas de procedimiento, legalidad laboral. Nuestro fútbol se pasea por esas condiciones, pero no es suficiente, lo intenta, pero tiene amarras que dominan  una pequeña cúpula, un cogollo. Aún no ha llegado al profesionalismo, lo que nos muestran es sólo una fachada, una cancha vacía, una ilusión. Veremos qué pasa.


(a Daniel Eguren)