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Crónicas y series fotográficas de José Alexander Bustamante

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10.20.2010

El triste que lo contamina todo





Gentiliza de Diomedes Cordero, al compartir el artículo publicado el 17 de este mes por el reconocido escritor español Javier Marias, en su habitual espacio Zona Fantasma del diario El país de Madrid:
“El librero Antonio Méndez me lo venía reclamando desde hacía ya semanas, lo mismo que su joven hijo Borja. Les contesté: “Hombre, aún es pronto, acaba de iniciarse la temporada”. Mis compañeros de la Academia José Manuel Sánchez Ron y Luis Mateo Díez, caballeros ponderados, se dividieron: el segundo me recomendó paciencia; el primero, tras dudar, se decidió a animarme: “Sí, quizá ya es hora”. La verdad es que abrigaba la esperanza de llegar por lo menos hasta la mitad de la Liga sin tener que escribir este artículo. Incluso deseaba –contra todo pronóstico– no escribirlo en absoluto, pese a que anuncié aquí mismo hace unos meses, cuando todavía no se había materializado la amenaza, que, si se consumaba, me costaría seguir siendo del Real Madrid este curso, tras mi fidelidad desde los siete años. La razón de mis dudas tenía nombre: José Mourinho, el prototipo de entrenador que no soporto y el más antimadridista de todos los imaginables. En las últimas campañas he ido contra sus equipos, y para ello he debido violentarme un poco en un caso, nada en el otro. El Chelsea era, de toda la vida, mi club inglés favorito, por mis afinidades con el barrio de Londres al que representa. Al comprarlo el magnate ruso Abrámovich y convertirlo en una empresa que destacaba sólo a golpe de talonario, mis simpatías empezaron a decaer, pero se las mantenía. Cuando adquirió como “cerebro” a Mourinho, y en consecuencia desplegó un juego feo, rácano y soporífero, se me agotó la reserva. Al Inter de Milán, en cambio, le profesaba antipatía desde que, en 1964, fue el causante indirecto de la salida del Real Madrid de Di Stéfano. Hoy en día, además, no me gusta que no alinee a un solo jugador italiano en sus filas. Siempre he creído que los equipos deben ser un poco de sus ciudades, o por lo menos de sus países.
Pero claro, la violencia a que hube de someterme para no ir con el Chelsea no es nada comparada con la que tendría que hacerme para ir contra el Madrid: un imposible y un absurdo. Y sin embargo ha bastado un mes de competición (seis partidos de Liga y dos de Copa de Europa) para saturarme, y creo reflejar el sentimiento de muchísimos merengues. Salvo contra el depauperado Dépor, el juego ha sido espantoso. Insustancial, vulgar, torpón, aburrido, sin apenas marcarse goles y con el único mérito (propio de las escuadras medrosas y conservadoras) de no recibirlos. El defensa Carvalho, mano derecha de Mourinho, ha dicho bien clara la tontería: “Es más importante no sufrir ningún gol que meter cuatro”. Ni siquiera saben de números: un equipo que empatara a cero sus treinta y ocho partidos de Liga quedaría imbatido, sí, pero descendería a Segunda, con tan sólo treinta y ocho puntos. Mourinho vino con la fama de que motivaba mucho a los jugadores, los liberaba de presión y daba la cara por ellos. De que les era enormemente leal, cargaba con las responsabilidades y jamás los culpaba. Hasta la fecha ha sido todo lo contrario: tras varios encuentros, manifestó que a Xabi Alonso “no lo he visto jugar todavía”; criticó por omisión a Ramos; confió en la “inteligencia” de Benzema, una manera de insinuar que aún no se la había notado; menospreció a Pedro León y de paso al Getafe. Dudó de la honradez del Sporting de Gijón y rebajó los merecimientos del Barça. Cuando las cosas van mal, se comporta como si no fueran con él. Su actitud es de permanente desprecio hacia cuanto ve u oye. Como se sabe espiado por las cámaras, actúa como un mal actor incesantemente: cuando estampa una botella contra el banquillo, se ve que el gesto no le ha salido de dentro, sino que es una pantomima estudiada, quién sabe si ensayada en casa ante el espejo.


Pero, sobre todo, es triste, casi cenizo. Estamos acostumbrados a que los tremendos horteras de nuestras televisiones califiquen de “glamuroso” a cualquier individuo o individua pedestres y más bien dignos de lástima. Aparte de espúreo y erróneo, es un adjetivo devaluado. Que se pueda considerar “glamuroso” a Mourinho rebasa los límites de mi comprensión. Un hombre con un sempiterno gesto agrio y un injustificado desdén en la mirada; de una personalidad tan gris como sus feos trajes (en España se cree, extrañamente, que mostrarse avinagrado equivale a poseer una “personalidad fuerte”); que ansía la notoriedad y se complace en ella como si fuera un acomplejado o el jurado malasombra de todo concurso televisivo. Todo eso hace de él una figura deprimente y triste y poco inteligente, y lo peor es que esos atributos se los contagia a los jugadores. El Madrid ha sido siempre un equipo alegre: atacante, generoso y al que nunca le ha bastado ganar (a Beenhakker, Capello y Schuster no les bastó para conservar el puesto), sino que ha procurado brindar un fútbol deslumbrante y divertido. Sus representantes han solido ser personas más bien afables y educadas (Molowny, Valdano, Del Bosque), y los patanes nunca fueron en él bien recibidos. Es inexplicable que Florentino Pérez haya creído que un engreído sombrío como Mourinho, ninguno de cuyos equipos ha causado admiración, podía ser el rostro de su club, que es el mío. Da pena ver a Valdano hablar tras cada tedioso partido, con cara de circunstancias y verbo dubitativo, como si tuviera plena conciencia del gravísimo error cometido. Antes de su contratación, un 80% de madridistas expresaron su oposición a Mourinho. De seis partidos, el equipo lleva ya dos sin marcar, y ante rivales muy menores. Y en Chamartín casi no ha habido tarde en la que no se oyeran abucheos. La tristeza de Mourinho lo contamina todo, hasta las gradas”. 
Veremos qué pasa.


4.09.2010

Café con Shandy



(a propósito del Real Madrid-Barcelona)

El público poco a poco, en fila india comenzaba a llenar un auditorio con capacidad para unas 150 personas. El escenario es en Barcelona, España, hace pocos años. Antes, una imagen mostraba un sencillo cartel: “Derby Literario: Enrique Vila-Matas vs. Javier Marias”, si bien no hay muchos detalles de la conferencia, el documental Café con Shandy de Enrique Díaz Álvarez deja explícito cómo el fútbol penetra los lugares más complejos de la sociedad moderna, y vemos con más frecuencia (gracias al periodismo deportivo “ligero” y de poca inteligencia) y sumándose, a muchos intelectuales que cada día elabora perspectivas sobre el deporte como una actividad cultural y hacen esfuerzos por explicar el fenómeno social, económico y lúdico llamado fútbol, desde las ideas y no desde simples opiniones.



Como sabemos, los actores del Derby Literario Javier Marias y Vila-Matas (seguidores del Real Madrid y Barcelona, respectivamente) son dos de los escritores españoles más reconocidos en la actualidad, ambos, ganadores del premio de Literatura Rómulo Gallegos (y grandes candidatos para el premio Nobel en algún momento) ambos con presencia constante en la prensa española como articulistas sobre literatura y fútbol.
Café con Shandy es un documental que no trata de fútbol, realmente es una entrevista que hace Juan Villoro a Vila-Matas. Villoro es uno de los intelectuales mexicanos contemporáneos de relevancia dentro de la cultura latinoamericana,  recordado por su libro “Dios es redondo” y por su célebre artículo sobre Maradona “Apuntes de un pie izquierdo”. En el documental deja de lado el fútbol y se acerca con mordaz criterio a la obra de Vila-Matas, abordando al escritor catalán desde el lenguaje de la crítica literaria; se pasea por las nociones, las historias y todo lo que podríamos llamar el modelo literario vilamatiano, es decir, la construcción de una narrativa autónoma que explora la infinidad de posibilidades de los mundos ficcionales, la misma que ha servido de modelo a muchos escritores latinoamericanos, donde las formas y las historias se entrecruzan, la literatura dentro de la literatura, generando una expresión estética literaria que Hace critica desde la propia ficción, una literatura para muchos singular, rara, de culto y en otros caso poco leída, inentendible y menospreciada.
La Literatura como acto de comunicación en la sociedad, también se convierte en acto de liberación que desde el escritor pasa a los lectores: quien lee se libera -intelectualmente hablando- de los procesos que oprimen la conciencia. Por eso, cada encuentro de escritores, cada encuentro de la literatura es un acto de liberación, de expansión de la conciencia crítica. Porque desde la palabra somos capaces de modelar mundos que nos sirvan de referentes para la construcción de la sociedad moderna. Podemos hablar de fútbol sin hablar de fútbol, sin grandes imágenes, por eso la escritura genera poder en el lector. Quien lee abre la posibilidad que el mundo de la ficción exista, que es nuestro mundo, el mismo, como lo pensaba Borges.
La cultura actual esta llena los valores que nos imponen deportistas millonarios en dos días, cocineros que preparan platos de comida por televisión, iluminados que predicen el futuro con cartas de tarot, entre una larga lista de personajes planos, como lo díra Seymour Chatman. Por eso, escribir sobre fútbol es la construcción lateral de la relación lúdica con la sociedad.  El hombre necesita del juego como una forma de relacionarse. Para nosotros la literatura y el fútbol es un ejerciccio de comprensión del hombre y la sociedad. Veremos qué pasa.


1.03.2010

Florentino y el fútbol


El programa cincuenta y nueve segundos de Televisión española, tuvo como invitado el pasado lunes a Flotentino Pérez, en su primer día, del segundo ciclo como presidente del Rela Madrid. El empresario inmobiliario repodia en un minuto todas las preguntas de media docena de periodistas, que sin ningún tipo de alabanza, interroganab y cuestibanaba al fútbol, a sus directivos y recordaban glorias y derrotas durante los años en que estuvo como presidente del equipo merengue.

Era un Flotentino más cauto a la hora de soltar nombres, toda repuesta para develar los posibles fichajes del equipo eran retórica de la misma pregunta del periodista, es decir, si le pedían a Cristiano Ronaldo, hablaba del jugador portugués reipiento los argumentos de los periodistas. Parecía un torero en su plaza de toros favorita: los medios de comunicación y sabe muy bien el poder de penetración de la televisión en especial.

Primer día como presidente, primera entrevestia a la fuerte cadena nacional española de televisión que este año tendrá a la Liga de Campeones, quitándole a la cadena Antena 3 los derechos, algo similar a lo ocurrido aquí en America Latina, cuando ahora tendremos que padecer las malas trasnmisiones de Fox Sport, a cambio de las regulares de ESPN.

Lo que dejó claro Florentino Pérez en el comptrepunteo que tuvo con los periodistas, no hasta el amanecer como el “Florentino y el diablo” de Alberto Arbelo Torrealba, es que vuelve con la intención de elevar el perfil comercial de la marca Real Madrid, mientras Jorge Valdano y Zinedine Zinane conseguirán un grupo de jugadores de pirmer nivel para ponerlo a disposición del chileno Manuel Peregrini.

Además de todo lo exuesto, el Rela Madrid tendrá una presión extra (además de todas las que tiene por el éxito actual del Barcelona), lafinal de la laiga de Campeones será en el estadio Santiago Bernabeu, y hastala fecha nunca la sede de la final de este torneo ha contado con el equipo local. Por lo que el Real Madrid de ahora en adelante tendrá el peso de algún día conquistar el triplete que obtuvo el Barcelona en esta temporada, algo dificil de repetir, pero tendrá la posibilidad en la temporada que viene de llegar a la final del torneo más impoirntate del mundo a disputarse en su porpio estadio, algo que sería único, y que le quitaría algo de peso a la hazaña del Barcelona. La final del Rela Madrid en su casa en la liga de campeones será un a tarea muy complicada pero no imposible, dependerá del equipo que le armen a peregrine y la apuesta a que en un año puede ensamblarse toda la institución.

De la nueve copas europeas del club blanco, sólo cuatro considero de valor, las cinco pirmeras pertenencen al pasado retomo del fútbol europeo, por no llamarlo de otor modo peyorativo. Veremos qué pasa.