Patrocinadores



Crónicas y series fotográficas de José Alexander Bustamante

__________________________

La Rama Dorada Literatura y Saber Compra y venta de libros nuevos y usados. Música y Películas.
Calle 27, entre avenidas 4 y Don Tulio, diagonal al Liceo Libertador

_____________________________
alexanderbustamante72@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta sudáfrica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sudáfrica. Mostrar todas las entradas

6.18.2010

Semana uno: sueño, vuvuselas y lágrimas


El primer síntoma de aburrimiento de un partido de fútbol, antecedido por  un bostezo, es el sueño. Cuando comenzábamos a sentir la pesadez de los parpados es que la emoción del juego aun no ha llegado. Luego y como un acto de respeto, si estamos en casa, tomamos café, hacemos alguna llamada breve, pensamos en lo que haremos al terminar el partido, miramos el reloj con ganas de salir a hacer algo más importante. Cuando sentimos que estamos perdiendo el tiempo, estamos frente a un juego malo. Si hacemos una siesta, debemos tomarlo como una forma de protesta.
            La estandarización de la forma de jugar el fútbol (diferente a globalización) es la primera valoración de este Mundial de Sudáfrica. Una conclusión apurada diría que todos juegan igual y una más explosiva, que juegan igual de mal.
Los escasos goles, la gran cantidad de empates, comienzan a mostrarnos un espectáculo que llena a toda la sociedad de expectativas y con el paso de los días ha mostrado poco y que salvo algún inoportuno que quiera jugar bien, las sorpresas se darán desde juegos como el de España-Suiza, desde una jugada más llena de fortuna y azar que de táctica y estrategia. O goleadas dudadas como la de Argentina.
La simpleza de los esquemas de juego (diferente a sencillez) está modelada por el fútbol europeo. La mayoría de quienes participan en la Copa juegan en esa zona del mundo, desean jugar allí o están influenciadas por los torneos de Inglaterra en el mejor de los casos o de España e Italia como malos ejemplos. Ni hablar de la poca calidad y competitividad de Alemania, Francia y el rosario de ligas menores como Holanda, Bélgica, Portugal, Grecia o Turquía, entre otras.
Estamos viendo una pobre versión del modelo de fútbol europeo, se impone desde el resultado, desde equipos ordenados que atacan poco. De jugadores denominados “estrellas”, donde el talento es superado por el marketing. Sin dejar de acusar el cansancio que trae la mayoría, donde han jugado casi un centenar de partidos y vienen de lesiones prolongadas.
Sudáfrica en una semana nos ha mostrado un fútbol estándar y muchas siestas, una cosa va con la otra. Pensar que algo diferente suceda en estas tres semanas restantes es una apuesta de fe a la voluntad de una tendencia que se ha marcado: fútbol aburrido, con la excepción de Chile.
Desde el  contexto, las vuvuselas (made in China) y las lágrimas de Jong Tae-Se, son dos de las notas recordadas. Las primeras, un patrimonio cultural que provoca un zumbido insoportable, que gracias a Diego Forlán (y no a Uruguay) han sido parcialmente silenciadas.
La segunda, conmovieron a muchos, en un inesperado acto de identidad que mezcla sentimientos familiares y políticos, en todo caso, en una semana es la cara nueva del fútbol, más por el llanto que por lo que hizo en  la cancha o quizá lloraba por la pobreza futbolística que estaba viendo, incluyendo la de Brasil. Veremos qué pasa.


 

6.04.2010

Invictus


La visibilidad de Sudáfrica gracias al Mundial de Fútbol hace que la película Invictus (Clint Eastwood, 2009) tenga pertinencia para conocer parte del pasado político-deportivo de ese país. Dejemos claro que si bien el tiempo es cíclico como lo pensaban los mayas, los momentos son únicos.
            La historia del film es sencilla, predecible y heroica, basada en el libro de John Carlin de nombre Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game that Made a Nation, revive el triunfo como local de la selección nacional durante la Copa Mundial de Rugby de 1995 y cómo la relación, por un lado, entre Nelson Mandela (Morgan Freeman), Presidente en aquel momento, con un pasado  político de casi tres décadas en prisión, y del otro lado, el jugador y capitán de la selección de Rugby François Pienaar (Matt Damon), referente deportivo de aquel país.
Partiendo que el Rugby es el deporte más seguido y popular en Sudáfrica, pocos apostaban a que ese equipo saliera campeón. Más allá de querer revivir glorias del pasado con la esperanza de repetirlas (véase el caso Maradona y Argentina), la tensión narrativa se centra en el interés desde el deporte de Mandela por llevar la armonía social del país, en una suerte de reconciliación necesaria, dejando de lado el pasado, su pasado, en especial y haciendo uso de eso que para nosotros es demagogia: primero el país antes que el Presidente. La historia deja explicito el interés del poder en acercarse al deporte como una vía de agraciarse con la sociedad, de elevar los rangos de popularidad, de establecer vínculos de entendimiento desde la diferencia.


Si miramos los grandes eventos deportivos, en el pasado reciente y lejano, no nos debe extrañar que en muchos casos los presidentes son estrellas centrales, es especial los militares, los fascistas y los populistas (¿toda la clase política?) Y tanta presencia del poder en algunos casos se pone en duda los resultados deportivos, en especial en los equipos locales.
Si agregamos los convenios comerciales, vemos cómo cada día, los triunfos deportivos son más blandos en su credibilidad. Ignoro si fue el caso de Sudáfrica y su Mundial de Rugby. En todo caso, queda relevante la presencia del poder y su influencia del éxito deportivo en la sociedad. Una vía de acceso a la opinión pública, desde la bondad y la falsa pureza e imparcialidad del evento deportivo.

La moraleja de la película podemos centrarla en la relación poder y deporte, como mecanismo mediador de los interés ideológicos. Desde el film, Mandela observa que con el deporte la sociedad se reunía de forma espontanea y de tolerancia racial y social. Comprendió que era un mecanismo de reconciliación.  Evidencia la diferencia entre un premio Nobel el de la Paz y un líder político. El primero es un luchador social con conciencia plena de su responsabilidad, el segundo es un interesado en los objetivos electorales, partidistas y personales. La unión de los dos es casi una utopía, no por el premio de la paz, sino por la lucidez de conciencia social que debería tener todo político al momento de encarar sus responsabilidades. La reconciliación social es necesaria en toda sociedad, Mandela nos da su ejemplo, Invictus es una buena forma de acercamos a su ideología, de comprender al político en su intimidad, en su soledad, en sus miedos. Veremos qué pasa.






5.28.2010

Los Fanáticos


El fanático en el fútbol es un sujeto social que se auto incluye. Es capaz de decir “ganamos, perdimos”. Juega a la distancia, tiene alianzas invisibles con los otros sujetos deportivos que apenas conoce, que tal vez vio a la distancia o por la TV, pero es capaz de llevar la franela, remera, playera, camiseta, bufanda o cualquier atuendo que lo identifique con la facción con la que se siente identificado, generalmente de los equipos ganadores o al menos de los favoritos.
¿Qué es el fanatismo? ¿Qué es un fanático? ¿Cómo lo identificamos? ¿Cómo se moviliza en el fútbol? ¿Cómo podemos definirlos sin ser peyorativos?
Fanático y sentimiento sería la relación principal que podemos establecer, que por extensión es una relación entre la sociedad y la ideología; comparten valores. Viéndolo desde esa perspectiva, es un conjunto de la sociedad que se identifica con un pequeño grupo de sujetos que son líderes y protagonistas de una acción social.
Vamos a remitirlo al deporte, al fútbol en nuestro caso (y olvidarnos de los fanáticos políticos que obedecen a las mismas estructuras psicológicas, casi fascistas).  El fanático es un apasionado, está enajenado por el acto lúdico, que no deja de ser una parodia de la rivalidad, de los enfrentamientos, de los engaños, de los héroes y de los vencidos. El fanático es parcializado, es decir, está lejos de toda verdad lógica, objetiva, centrada. Sus atavíos son escudos pintados y uniformes que representan ya no naciones, ni países, sino experiencias estéticas que se conectan con sujetos deportivos que son héroes temporales en la cultura moderna.


El fanático es nostálgico, ingenuo y esperanzado por naturaleza. Violento por historia. Irracional por convicción. Vanidoso como Ser, narciso, llama la atención en cualquier lugar, habla en voz alta y construye una imagen de soberbia e intransigencia. Nunca cede a sus ideas porque se considera portador de la verdad, de su verdad, la de su parcialidad. Nunca comprenderá una derrota, todos tendrán la culpa, menos sus ideas platónicas de la parcialidad que apoya, aunque no parezca, es un sujeto sin nacionalidad definida y como todo sujeto, el fanático necesita de un espacio que lo modele y lo revitalice. Lógicamente es la cancha su espacio natural, donde convergen fanáticos, hinchas, torcedores, tifosis. Sin embargo, el espacio especial son los Mundiales, allí, aparecerá una versión renovada, incorporará colores, idiomas, símbolos, objetos del deseo.
Sudáfrica es ese lugar hoy. Novedad para un Mundial, mezcla de estereotipos de cultural antigua y naturaleza salvaje encerrada en safaris. Lugar indicado para que un nuevo fanático tenga la posibilidad de insertarse a este universo de las pasiones: los colores de banderas y las caras pintadas, los uniformes oficiales deambulando por las calles. Una imagen frecuente: los aeropuertos atiborrados de visitantes que miran carteles y mapas, desorientados en el sur del continente africano. Se irá construyendo el espectáculo que la imagen de la televisión poco a poco irá develando, nutriendo y exprimiendo. Nada quedará fuera de los encuadres de los medios de comunicación.
En el resto del mundo también estarán los fanáticos: cruzando los dedos, pidiendo milagros, se olvidarán que es un juego, será un mes de sufrimientos, de banderitas en los carros, de ilusiones que se van y otras que se renuevan con el paso de los días, con eliminaciones y triunfos, hasta que el círculo se reduzca a dos. Luego a uno, el campeón. Veremos qué pasa.