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Crónicas y series fotográficas de José Alexander Bustamante

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La Rama Dorada Literatura y Saber Compra y venta de libros nuevos y usados. Música y Películas.
Calle 27, entre avenidas 4 y Don Tulio, diagonal al Liceo Libertador

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12.11.2011

El Pipas Bar de Barcelona



Por José Alexander Bustamante-Molina

Tocamos el timbre. La puerta se abrió sola. Se escuchaba un grupo de música y el murmuro de la gente. A la izquierda una luz amarilla iluminaba la barra de un bar casi vacía. A la derecha, un pasillo en penumbra, pero al instante se veía una sala, gente, y los músicos delicadamente iluminados. Era una banda de jazz en vivo, al finalizar cada canción, los aplausos llevaban la sala. Parecía una escena de Rayuela de Julio Cortázar.
Era casi la medianoche. Veníamos caminando por el laberinto del barrio Gótico, cuando sin darnos cuenta, entramos a la plaza Real, en Barcelona. El frío del otoño no llegaba aún, por lo que la gente además de prolongar la hora de dormir, andaba en ropa de verano, en especial las mujeres.
Gente de todo el mundo. Mujeres hermosas e indiferentes. Mi primo Cesar, un  dandi conocedor de todos los rincones, tal ves como pocos, recordó que en uno de los pisos existía un bar. En el segundo piso: el Pipa Club.
De bar en bar, las horas pasaban.
El primo vivía en un segundo piso de un edificio en la calle Girona, a escasas cuadras de Barrio de Gracia, y casi vecino de La Sagrada Familia, la verdad, era todo un lujo, no por el edificio en sí, sino por la ubicación, en pleno centro de un lugar que definiría Roberto Boñalo en su cuento Buba: “la ciudad de la sensatez… la ciudad del resplandor, donde uno se siente bien consumo mismo”, esa es la definición más maravillosa que un escritor jamás haya escrito sobre Barcelona. Según el relato de Bolaño, así la llamaban sus habitantes desde hacía mucho tiempo. 
  En todo caso poco importa la autoría, a fin de cuentas podría resumir lugares comunes, pero para quien la haya visitado, ese lugar donde uno puede sentirse bien consigo mismo, puede existir en la calles de Barcelona.
El contraste entre la montaña y el mediterráneo, las calles con árboles, limpias, silenciosa, un aire de tranquilidad, eran las condiciones para caminarla y contemplarla. El lugar como uno quisiera que fuera una ciudad para vivir, como nos gustaría que fuera Mérida, esa Mérida de la Avenida Urdaneta, de los parques, limpia, segura[1].
Gente en bicicleta, en patines o patineta, respeto a los peatones, gente caminando a cualquier hora. Gente de todo tipo. Museos, tiendas de curiosidades, muchas librerías, en fin, una aglomeración cultural que ha conseguido un particular sentido de la armonía urbana, esa forma del catalán tan particular, que lo convierte en centro del debate territorial.
Serían días necesarios para sentirse bien conmigo mismo. Era la mitad de una travesía por tierra que me traía desde Oporto, pasando por Madrid. Me esperaba Granada, Sevilla y Lisboa. Veremos qué pasa.



[1] En Barcelona  tuve una desagradable revelación: en verdad perdimos nivel de vida. Poco importa señalar culpables. Lo que preocupa, es cómo rescatar el espacio urbano. Las calles limpias, seguras y los espacios públicos como lugares de encuentro y no de embocadas.

7.25.2011

Seis meses de La Rama Dorada


Aberto Bermúdez y "Made in China"

Tres nuevos rostros

H.V.

Los amigos.

 Alfonso y Angélica





Vanessa y Lenny

 Chun


Los guitarristas


El globo


Leandro

 Yamilé

 Altair Durán y su hermana

Fabiana y Raquel

Madre e hija

El Chino


Los amigos de posgrado de Yamilé

 Jaime Guerrrero


6.24.2011

River, Riber


Por José Alexander Bustamante-Molina

Una crisis es el resultado de los desaciertos. En la medida que la proporcionalidad de la de políticas socaven las bases de la institución, pueden dar resultados que en el peor de los casos  llegarán hasta el fondo. La de River parece inevitable.

Si River Plate desciende, con seguridad será una de las conmociones más importante del fútbol suramericano, y lógicamente del ego argentino, con precedentes lejanos. Superior al fracaso de la selección argentina en los últimos mundiales.

El Mundial es una oportunidad cada cuatro años, la segunda división es una condena.

Pero cuidado, Boca tampoco anda bien. Los dos clubes empresas del fútbol argentino comienzan a pagar el descuido de los valores deportivos por los mercantilistas.

Esa alteración del orden institucional,  es causada, principalmente por las ya conocidas cifras que se manejan en lo relacionado los contratos a los jugadores y todo el entramado económico que se teje.

En River Plate el talento futbolístico se valora dentro y fuera de la cancha, llegó a jugar cualquiera.

La crisis de River es la del fútbol.   El deterioro de la institución se percibe en toda crisis. Ya la liga española comienza mostrar fisuras.

No será ni el primero ni el último. En todo caso, toda crisis es de tiempo limitado, el asunto está en que no se prolongue, que no la tome una inercia que apunte al caos. 

La segunda división es un campo difícil para la crisis, un escenario para las urgencias, para solventar a la institución, tiempo de renovar las políticas.

La tensión en el estadio Monumental para quienes estén en la cancha en el partido de vuelta, será una situación límite que para muchos puede ser motivo de envidia. 

Para los jugadores, mejor no imaginárselo. Lo primero que les sacarán en cara será el monto de los contratos. Y de ahí subirán los insultos hasta el palco vip de la directiva. 

En una prolepsis de relato, luego vendrán las protestas en la calle y los medios haciendo carnaval de la desgracia, un tango. De ahí en adelante quedará en manos de pocos, y del azar. Como un cuento de Cortázar, de múltiples finales.

Veremos qué pasa.